La aventura de la lengua española

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La aventura de la lengua española

En el centro, el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha. A su lado, Francisco Moreno Fernández, autor del libro, y la directora general de la editorial Espasa, Ana Rosa Semprún. Foto: Instituto Cervantes
En el centro, el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha. A su lado, Francisco Moreno Fernández, autor del libro, y la directora general de la editorial Espasa, Ana Rosa Semprún. Foto: Instituto Cervantes

Empezó su camino en un rincón del norte de España, entre campesinos y pastores, en lo que era entonces apenas un derivado del latín vulgar; evolucionó hasta ser la lengua de un imperio en cuyos dominios no se ponía el sol. Hoy es hablada por 560 millones de personas en todo el mundo: el español. El catedrático Francisco Moreno Fernández ha recogido todo ese periplo vital en un amplio volumen, La maravillosa historia del español, que publican el Instituto Cervantes y la editorial Espasa.

Dijo Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, en la presentación del libro que en él nuestra lengua aparece retratada como lo que es, un idioma “libre, mestizo y permeable”. Es decir, un idioma vivo, que ha sabido aprovechar, nutrirse y enriquecerse con todas las culturas con las que ha compartido espacio hasta convertirse en lo que hoy representa.

El autor es catedrático de Lengua Española en la Universidad de Alcalá de Henares, ex director académico del Instituto Cervantes y, en la actualidad, director ejecutivo del Observatorio que esta misma institución tiene en la universidad estadounidense de Harvard. Moreno Fernándezsitúa en su libro el nacimiento efectivo del español entre los años 750 y 950 de nuestra era en la zona norte de España. Concretamente en lo que entonces era el Señorío de Castilla (que abarcaba la zona oriental de Asturias, Cantabria, Burgos, Álava, La Rioja y León), una entidad política muy lejos aún de poderío que acumularía en siglos venideros y que la llevaría a extender sus dominios por América.

Fue precisamente este hecho, la colonización del continente americano, la que, en gran medida, contribuyó a hacer del español el idioma que es. Según García de la Concha, la expansión por el Nuevo Continente se hizo “en diálogo estrecho con las lenguas indígenas”, que siguieron utilizándose hasta hace un par de siglos, cuando se produjeron las distintas independencias de estos territorios. Desde ese momento, el español jugó un nuevo papel, el de elemento de cohesión y de comunicación y entendimiento entre esos mismos territorios.

Personajes ficticios y reales

Para el director del Instituto Cervantes, el gran acierto del libro, que se desarrolla en un tono a veces “novelesco”, es que se lee “como si de una aventura se tratara”. Porque en realidad es eso, una aventura a través de los siglos en la que se ha configurado la que hoy es la segunda lengua nativa más hablada en nuestro planeta, la tercera más influyente y la tercera igualmente en número de hablantes totales.

El autor se ha valido de dos elementos para avanzar en su historia: por un lado una serie de “personajes,  personas y personillas”,  ficticios o reales, según cuenta el propio Moreno Fernández. Así, por sus páginas deambulan Elio Antonio de Nebrija, autor de la Gramática Castellana, la primera codificación de una lengua moderna; el primer conde soberano de Castilla, Fernán González; el venezolano-chileno Andrés Bello…, pero también Aldonza Lorenzo, la igualmente imaginaria Dulcinea del Toboso que ofreció al mundo entero Miguel de Cervantes… y otros muchos. Y por otro lado, se va valiendo de una serie de palabras representativas de cada época, muy usadas, entre las que encontramos queso, cerveza, chabola o peluca.

Otra de las características del libro es que Francisco Moreno se dedica a narrar grandes hechos pero, sobre todo, incide en “la historia menuda”: esto es, hay más palabras populares que declaraciones oficiales; más pícaros, soldados, criados o maestros que reyes, prelados o rectores. Con ello logra componer una narración que discurre pegada a la realidad y a los propios personajes. Un modelo distinto a otros utilizados anteriormente para contar la aventura del español a través de “la aventura de sus hablantes”.