Moscú-Berlín: tras las huellas del Orient Express

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Moscú-Berlín: tras las huellas del Orient Express

Los trenes españoles de Talgo han sido testados en las duras condiciones del invierno ruso.
Los trenes españoles de Talgo han sido testados en las duras condiciones del invierno ruso.

Los trenes expresos nocturnos conocieron un gran desarrollo en toda Europa en los siglos XIX y XX, hasta el punto de que, en los grandes itinerarios, llegaron a representar más del 50% de las circulaciones nacionales y la mayor parte de los trayectos internacionales. El nuevo servicio entre Moscú y Berlín, con trenes de la española Talgo, viene a sumarse a esta larga tradición que comenzó con el expreso París-Viena, antecesor del famoso Orient Express (1883).

Rusia, debido a su orografía y extensión, vivió el esplendor de estos trenes nocturnos, cargados de misterio en el imaginario colectivo, con el Transiberiano como su máximo exponente. Esta línea que atraviesa el país y Mongolia y llega hasta China, entró en funcionamiento en 1898 y continúa activa en la actualidad. El ferrocarril es uno de los elementos más importantes de la sociedad y la economía rusas, ya que resulta el modo básico de transporte de viajeros y mercancías.

La tecnología de Talgo da respuesta al cambio de ancho de vía entre Rusia y Europa

En el diseño de este sistema viario fue clave un español, Agustín de Betancourt, ingeniero militar e inventor español, que fue nombrado por el Zar Alejandro I director del Departamento de Vías de Comunicación en 1819 y director del Instituto del Cuerpo de Ingenieros de San Petesburgo.

Dos siglos después, España, a través de la empresa Talgo, vuelve a ser clave en el sistema ferroviario ruso con un hito histórico y tecnológico. El nuevo trayecto entre Berlín y Moscú salva el principal escollo de la conexión entre el país y las regiones ex soviéticas con el resto de Europa. El distinto ancho de vía (1.520mm. frente al estándar europeo de 1.435mm) se ha justificado históricamente con una estrategia rusa para impedir la invasión terrestre de su territorio, que reveló su utilidad durante las guerras mundiales del siglo XX.

Tras la caída del ‘Telón de Acero’ y la apertura a los países vecinos, el ancho de vía suponía una ralentización de las comunicaciones y del tránsito rutinario de mercancías y pasajeros. La tecnología Talgo de cambio de ancho automático viene a dar respuesta a esta situación con una importante reducción de tiempos y un aumento claro de la comodidad en este trayecto emblemático, de 1.900 km, en el continente europeo.

El diferente ancho de vía en España (1.668 mm) ha propiciado la invención de un sistema propio para cruzar estas fronteras tecnológicas. Talgo estrenó este procedimiento en 1969, en el servicio Barcelona-Ginebra (Suiza). En España, el sistema se activa más de mil veces al día y sin novedad, para que los trenes puedan usar tanto las vías de alta velocidad (ancho de vía estándar europeo) como las convencionales (ancho de vía ibérico).

El procedimiento automático, que tiene lugar en unos minutos y sin necesidad de detener el tren, funciona con tres mecanismos básicos. En primer lugar unos soportes laterales se encargan de sujetar el tren, de manera que las ruedas ya no soportan su peso. Después, unas guías verticales se encargan de activar los cerrojos de los rodales (ejes) para desbloquearlas. Finalmente, unas guías horizontales empujan a las ruedas a una posición para que se adapten al nuevo ancho de vía.

Talgo en Rusia
La puesta en marcha del servicio Moscú-Berlín culmina un larguísimo proceso, que comenzó en 1996, cuando Talgo y Adif  ofrecieron su tecnología a la compañía de ferrocarriles rusa (RZD). Entonces, se experimentó con un primer convoy en las duras condiciones del invierno ruso. El tren realizó así un viaje de prueba entre San Petersburgo y Moscú.

Talgo tiene una importante presencia en Kazajistán y en Uzbekistán

La firma del primer contrato tuvo que esperar a junio de 2011 cuando RZD adquirió 140 coches (7 conjuntos de trenes, con 20 coches cada uno) por un importe de 100 millones de euros.

Cuatro de esos trenes entraron en funcionamiento en junio de 2015, cuando fue inaugurada la línea de alta velocidad que une Moscú con la ciudad de Nizhny-Nóvgorod, situada 440 kilómetros en línea recta hacia el este. Ahora los tres trenes restantes recorrerán el trayecto Moscú-Berlín, que atraviesa Rusia, Bielorrusia, Polonia y Alemania.

En el área ex soviética la compañía española cuenta con centenares de vagones de pasajeros circulando. Es el caso de Kazajistán, donde Talgo dispone de una red de servicios tan extensa que si se superpusiese al mapa de Europa, cubriría desde los Pirineos hasta el mar Báltico, y desde el Mar del Norte hasta los Balcanes. Talgo está presente en este país a través de un acuerdo (joint venture) con los ferrocarriles nacionales KTZ: Tulpar-Talgo, y cuenta con una fábrica propia en Astaná.

La empresa española también tiene una importante presencia en Uzbekistán, donde, desde 2011, se encarga del servicio Afrosiyob que enlaza Taskent con Samarcanda. En esta línea utiliza varias unidades de Talgo 250 diseñadas para circular por ancho de vía ruso: se trata de los primeros trenes de alta velocidad de Asia Central.