Los españoles que animan la «fábrica de sueños». ABC

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Los españoles que animan la «fábrica de sueños». ABC

Disney es una fábrica de sueños que funciona como una factoría «fordista». Que uno de sus personajes llegue a la gran pantalla es un pequeño milagro que se logra sin intervención divina. Horas y horas de trabajo, varios años en realidad, hasta que nace una criatura de mil padres con el carisma suficiente como para que niños de todo el planeta, desde Hollywood hasta un pueblo perdido, repitan sin parar los diálogos y los movimientos de sus nuevos héroes.

En realidad, es un viaje. Desde la cabeza de los dibujantes hasta el papel. Después, las dos dimensiones del folio se trasladan al ordenador y desde ahí se inicia un proceso hasta que se crea un busto en tres dimensiones. Ya con formas medio humanas y volumen, el personaje sigue su viaje hacia la parte puramente técnica. Es como si Dios, en el pasaje de la creación, hubiera dedicado los primeros tres días a pensar cómo serían las especies y otros tres a darles medios para andar y moverse por el escenario más detallista del mundo. En esta segunda parte, esa figura que hará ganar millones a la compañía es introducida en un escenario de puntos y vértices, donde otro departamento la dotará de huesos, articulaciones y «deformadores» que le darán aspecto humano. Y al séptimo día… se trabaja. Porque aún queda la parte artística, esa que imagina el vestuario, los accesorios... y hasta el pelo. Porque hay películas en las que una persona trabaja durante meses sólo para hacer que el cabello de un personaje sea lo más realista posible.

Es el caso de Neysa Bove. A sus 30 años, esta andorrana de padres barceloneses se encargó de que Vaiana, la última heroína de la factoría, tuviera un aspecto acorde con lo que desde Disney esperaban de ella: «Me contrataron para hacer vestuario. También hago diseño de pelo de personajes. Los directores te dicen qué atributos debe tener el protagonista, si será un atleta, una heroína… Y piensas cómo la puedes vestir para reflejar esos atributos», explica la catalana.

Animadores / actores

Pero hasta llegar al momento en el que los diseños de Neysa toman vida, la fábrica ha estado a pleno funcionamiento. Y en ese no parar, varios españoles tienen un papel clave. Es el caso de Valentín Amador, un gaditano ya veterano en proyectos de animación que se define como «actor». «Los días que empiezas con una secuencia nueva, con una escena, te reúnes con los directores y entonces toda la gente que trabaja en la secuencia empezamos a mirar, plano por plano, cómo va a ser», analiza el animador. «De la misma manera que un director dirige a un actor, aquí el director va dirigiendo a los animadores que participan en esa secuencia. Luego vas a tu mesa y empiezas a actuar a 24 fotogramas por segundo. Es un poco cliché pero es verdad: somos actores», explica el animador.

Trabajar en Disney es compartir mesa con algunos de los creadores de los personajes con los que varias generaciones han crecido: «En mi primer día de rodaje para “Vaiana” estaba en la sala con los directores de la “Sirenita” y “Aladín”. Y claro, flipando… Y dices: ¡Dios mío! Es muy gratificante y compensa por los días malos», valora Amador. Porque hay jornadas de trabajo donde no todo es tan maravilloso. «Días en los que no te sale nada», o jornadas interminables cuando la fecha de entrega de un proyecto se acerca. «El trabajo con las leyendas no es fácil. Es estresante. Hay mucha presión para hacer algo mejor que la última película. Quieren siempre el “nivel Disney”», profundiza Neysa Bove.

Para lograrlo, la multinacional tiene todo pensado. «Es totalmente una cadena de montaje. La estructura está montada para hacer películas una detrás de otra y, como artista, eso es muy gratificante. En España o Europa, por muy buenas intenciones que tengan los estudios, es difícil una continuidad. Acabas un proyecto y tienes un parón. La diferencia aquí es la seguridad económica, siempre que funcionen las películas, y por suerte estamos en una buena racha», dice el animador gaditano.

Procesos

«En España ser freelance es como la jungla. Aquí los artistas estamos encantados», señala Sergi Caballer, otro español por aquellos lares. «Hay que valorar el mimo a los personajes. En España modelaba un personaje, lo pasaba al siguiente departamento, y ya nunca me volvía. Aquí constantemente estamos revisándolos, viendo las texturas, la luz… Si todo funciona. Un ejemplo: si vemos que el puente de la nariz es muy afilado, pues vuelve al proceso anterior y se retoca. Es muy reiterativo hasta que funcione», valora el modelador de personajes barcelonés.

El camino de los diseños por la «cadena de montaje» hace que todo avance sin prisa pero sin pausa hasta que llega a la pantalla final. «Nosotros miramos en la base de datos del estudio para ver cómo va quedando. Y nos sorprende casi siempre. “¡Oh, mira cómo le han puesto el pelo!”, o “Esperaba que fuera de otro color”… Es un poco parecido a abrir un regalo de navidad», valoran.

Los estudios donde estos españoles trabajan están a 12 minutos en coche del Dolby Theatre, en Hollywood Boulevard, el lugar donde se entregan los Oscar. Rodeados de ese espíritu, a diario, otros españoles como el castellonense Iker de los Mozos, animador de personajes; José Luis Gómez, de Salamanca e ingeniero de software; Isaac Fernández, otro animador nacido en Barcelona; o Alberto Luceno Ros, un santanderino especialista en las multitudes que se proyectan detrás de los protagonistas… Entre otros tantos, trabajan para dar forma a películas que serán consumidas decenas de veces por los más pequeños. Y, aunque ninguno de esos niños sepan que detrás de ese movimiento, de ese vestido o de esa redondez en la nariz estaban estos artistas, ellos seguirán igual de orgullosos: «En los Oscar enseñaron un trocito del plano que animé, en el clip previo de las nominadas, y fue como: ¡Madre mía! ¿Qué es esto? ¡Un trozo de mi animación en los Oscar, estoy en una peli de Hollywood!», exclama el gaditano.

«Habré visto “Vaiana” cinco veces con mi sobrino, que tiene seis años, y siempre me va diciendo lo que le gusta. Es muy emocionante escucharlo de boca de un niño», comenta Neysa. «Cuando algo no me sale pienso en que estoy haciendo películas para niños y para familias. Ir al cine y ver a niños disfrazados con el vestuario que yo pensé para la protagonista es emocionante. Siempre pienso en que puedo llevar felicidad a los niños», remata.