Del caos al diálogo: la diplomacia como vía

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Del caos al diálogo: la diplomacia como vía

Un rebelde libio prepara una mina de tierra cerca de la principal carretera de Ajdabiya, Libia, el 17 de abril de 2011. EFE/Vassil Donev. (EFE)
Un rebelde libio prepara una mina de tierra cerca de la principal carretera de Ajdabiya, Libia, el 17 de abril de 2011. EFE/Vassil Donev. (EFE)

Cuatro años después de la caída de Muamar al Gadafi, Libia podría estar más cerca que nunca de alcanzar la paz. Si se logra, parte de este éxito correspondería al trabajo del diplomático español Bernardino León, elegido en 2014 por el secretario General de la ONU Ban Ki-moon, para encabezarla Misión de Apoyo a Libia (UNSMIL).

Desde la caída del régimen dictatorial de Muamar al Gadafi en octubre de 2011, el caos y la violencia rigen la vida diaria de Libia. Esta situación de gran inestabilidad se ha visto agravada en el último año, tal y como se refleja en un informe presentado en marzo por la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Según el documento, en 2014 se registró una escalada en los disturbios y desórdenes generados por gran cantidad de grupos armados que buscan agudizar aún más la crisis política que vive el país. En el informe se refleja igualmente cómo la población civil fue víctima de ataques indiscriminados aéreos y de artillería, además de ejecuciones sumarias ilegales y otras violaciones de sus derechos. Todo ello ha obligado a un gran número de personas a abandonar sus hogares y migrar en busca de una vida segura y estable, una desesperación que es aprovechada por mafias de tráfico de personas.

En el contexto político, Libia se encuentra dividida entre dos gobiernos que se disputan el control del país. El gobierno oficial, elegido en las urnas en junio de 2014, cuenta con el reconocimiento internacional. Sin embargo, se ha visto obligado a refugiarse en la ciudad de Tobruk, a mil kilómetros de la capital, Trípoli, que se halla en manos del ejecutivo establecido por alianzas entre las distintas milicias islamistas que expulsaron al Parlamento oficial. El tercer factor de inestabilidad es el grupo yihadista Daesh (acrónimo árabe de Estado Islámico), que se ha hecho con el control de varios municipios libios.

A pesar de este hecho y de que el número de terroristas yihadistas se ha incrementado en los últimos meses, Libia todavía está “muy lejos de las cifras que hay en Iraq o en Siria”, y por tanto, “los propios libios con un apoyo fuerte de la comunidad internacional, aún pueden hacer frente a este problema”. Así lo asegura Bernardino León, que lleva trabajando desde 2014 por conseguir la paz en la zona.

El valor del diálogo

Esta precaria situación dificulta la construcción de un estado y un entorno seguro para la población. Para ayudar a la consecución de estos fines, Naciones Unidas se ha decantado por emplear la denominada diplomacia preventiva, uno de los instrumentos negociadores de la ONU que en los últimos años ha recibido un fuerte impulso tras los buenos resultados obtenidos en distintas regiones del mundo. Esta herramienta consiste en la mediación pacífica en controversias internacionales para tratar de evitar que estas desencadenen en conflictos y, si finalmente se producen, impedir que se extiendan y pongan en peligro la vida de las personas o los avances en materia de desarrollo.

En la intermediación preventiva no participa únicamente la Organización de las Naciones Unidas, también juegan un papel importante los actores políticos de los países en desavenencias, las organizaciones regionales  y  la población civil. En un informe sobre la prevención de conflictos armados presentado en 2001, el exsecretario general de la ONU, Kofi Annan, señaló la relevancia de los enfoques multisectoriales en la evitación de disputas, especialmente los relacionados con la infancia la igualdad de género.

Un ejemplo del enfoque multisectorial en la diplomacia preventiva lo encontramos en el proyecto desarrollado por la ONU en Libia. Allí se ha implicado a representantes de los municipios de ese país para que desarrollen medidas que generen confianza entre la población civil en el proceso de estabilización y reconstrucción del país. Entre estas iniciativas, Bernardino León destaca la negociación durante el Ramadán de liberaciones masivas  de personas secuestradas y el apoyo a los libios desplazados para el retorno a sus hogares.

Momento decisivo para la paz

El diálogo político establecido entre Naciones Unidas y las partes en conflicto para lograr la construcción de un estadolibiose ha intensificado en el último año yse encuentra en un momento decisivo. Desde el mes de marzo, los dos ejecutivos libios negocian la quinta propuesta presentada por Bernardino León para formar un Gobierno de unidad nacional. En este mes de septiembre tienen lugar los últimos debates y el diplomático español confía en que el acuerdo quede firmado en un plazo breve de tiempo.

León indicó en julio que el acuerdo lo habían rubricado ya “entre un 70% y un 80% de los principales actores políticos libios”. Sobre todo, hizo hincapié en que el documento de trabajo no lo ha rechazado casi nadie. “Tenemos todavía que trabajar con el Congreso en Trípoli, que necesita que se aclaren algunos aspectos, pero aún no ha manifestado una opinión completamente contraria al acuerdo. Por eso, creo que ahora mismo sí que podemos tener la esperanza de que todos esos actores importantes se sumen al acuerdo”. Una vez ocurra esto, según el diplomático español, será el momento de “seguir trabajando en los desafíos que van a ser igualmente complejos y que pasan por la aprobación de un Gobierno de unidad nacional, la estabilización del país en un entorno seguro, la construcción de un estado y la aprobación de una constitución. Todo un proceso que terminará con elecciones”.

España, referente en mediación

Bernardino León es uno de los principales exponentes de la colaboración activa de España con Naciones Unidas en la intermediación pacífica en conflictos internacionales. Nuestro país se ha convertido en referente internacional en la materia con iniciativas como la Mediación en el Mediterráneo (Med-Med) y el CITPax. Sobre el papel de España en la diplomacia preventiva mundial, León destaca que nuestro país realiza una “buena labor de mediación en distintos conflictos”. En su opinión, la situación geográfica y la historia de España la sitúan como una nación idónea para interceder en negociaciones entre países actualmente en conflicto.

Mediación privada

España ha aportado asimismo a la diplomacia preventiva internacional el CITpax (Centro Internacional de Toledo para la Paz), una fundación privada sin ánimo de lucro fundada en 2004 con la finalidad de “buscar soluciones a conflictos nacionales o internacionales a través de la mediación, la facilitación de contactos y la elaboración de propuestas-puente”, explica Emilio Cassinello, director del Centro. Para lograr su propósito emplean la diplomacia de segunda vía o paralela (Track II o Second Track diplomacy), que “recurre a actores de la sociedad civil con capacidad de influencia sobre quienes toman las decisiones”.

Entre los numerosos éxitos logrados por CITpax destaca la formación de mediadores en la Región Andina. El proyecto, puesto en marcha en 2010, está dirigido a capacitar en mediación intercultural a líderes comunitarios de las minorías afro-indígenas en Bolivia y Ecuador. Tiene como principal objetivo “fomentar el acercamiento entre las partes y la búsqueda de consensos como vía alternativa de resolución de conflictos, con el fin de potenciar la participación social y desarrollar una cultura del diálogo en una sociedad multicultural”, explican desde la asociación.

También se cuentan entre sus logros la instrucción en mediación en el Mediterráneo, la colaboración en la consolidación y el avance en el proceso de paz en Colombia, o la creación y funcionamiento regular de un grupo de alto nivel sobre el Oriente Medio con capacidad de hacer propuestas concretas a la diplomacia oficial, entre otras.