El Pura Raza Española, en la élite de la equitación mundial

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El Pura Raza Española, en la élite de la equitación mundial

Ejemplar de Pura Raza Española de la Yeguada Centurión.
Ejemplar de Pura Raza Española de la Yeguada Centurión.

Han sido años de vicisitudes, de vaivenes, de momentos de gloria y también de situaciones que comprometieron incluso su existencia. Ahora, el caballo español, el Pura Raza Española (denominado PRE, por sus iniciales), uno de los mejores para la doma clásica, vuelve a estar en la élite de la equitación mundial.

La labor callada de muchos, durante años, para que no desapareciese se ha visto recompensada en los últimos tiempos gracias al trabajo de entidades como la Real Academia Andaluza de Arte Ecuestre, en Jerez, y de algunos empresarios que han dedicado su esfuerzo, tiempo y dedicación al mantenimiento y expansión del PRE.

El caso más significativo es el del Leopoldo Fernández Pujals, empresario, creador y director de la Yeguada Centurión, la más grande y moderna de todas las que en el mundo se dedican a la selección, cría, adiestramiento y venta de ejemplares de PRE. La Yeguada Centurión nació de un sueño de la infancia de su propietario: “desde mi infancia en Cuba soñaba que conseguiría vivir de los productos criados o cultivados en las tierras de mi abuela. Cuando empecé a ganar dinero con “Telepizza”, mis sueños de la infancia regresaron y pensé que había llegado el momento de cambiar de rumbo”, explica.

Cuando Pujals decidió retomar su sueño y regresar al campo, en su destino se cruzó el caballo de Pura Raza Española. “Inmediatamente me enamoré de este animal. Al principio me cautivó su belleza, pero pronto también descubrí otras cualidades que lo hacen único, sobre todo su noble temperamento”, relata el empresario.

“Cueste lo que cueste”

Para Leopoldo Fernández Pujals, la recuperación del Pura Raza Española es una forma de “devolver a Españalo que ésta me dio”. Su objetivo es mejorar o corregir los defectos de “nuestro caballo cueste lo que cueste”.

La inversión realizada por el empresario da fe de su determinación. La Yeguada Centurión dispone de 1.000 hectáreas de praderas y monte destinadas en su totalidad a la cría en libertad de los caballos. Además posee unas instalaciones hípicas con más de 50.000 m² construidos y de las más modernas infraestructuras. En ellas hay capacidad para más de 100 caballos estabulados, contando con un total de 800 cabezas. “Los ejemplares se crían  en las mejores condiciones, creciendo en libertad en las mil hectáreas de la finca; se alimentan gracias a los más sofisticados sistemas y son cuidados y domados”, explica Pujals.

Las potras y yeguas de la yeguada son alimentadas a través de un sistema automatizado de alimentación único en el mundo para equinos, “pionero en España” afirma el empresario, que se muestra especialmente orgulloso de la innovación que ha supuesto “la transferencia de embriones”. “Con esta técnica hemos conseguido ver en un corto período de tiempo qué yeguas dan buenos resultados y  con qué sementales, consiguiendo así fijar la calidad del caballo Centurión de Pura Raza Española. La transferencia de embriones te permite ver en un año la descendencia de una yegua con todos los sementales que tú quieras, algo por lo que tendrías que esperar varios años al modo tradicional”, afirma.

El principal criterio que preside el funcionamiento de la yeguada es “criar con sementales y yeguas con buenas aptitudes para la disciplina de la doma clásica dentro de la raza para obtener el mejor resultado posible: el caballo Centurión de Pura Raza Española”.

Hasta la fecha varios son los ejemplares de la yeguada que han conseguido alzarse con los primeros puestos en el Campeonato de España. “La Yeguada hoy por hoy se encuentra entre los primeros puestos del ranking mundial de yeguadas del caballo de Pura Raza Española y desde hace cuatro años ha obtenido de forma consecutiva el premio a la mejor ganadería expositora de España”, explica Pujals.

Un caballo perfecto

El Pura Raza Española se ha caracterizado a lo largo de su larga historia por su bella estampa, por sus movimientos elegantes y altivos y, sobre todo, por ser un caballo inteligente, con gran capacidad de aprendizaje. “La diferencia fundamental del Caballo de Pura Raza Española con otras razas radica en su conformación o constitución y  en su carácter noble, dócil y equilibrado”. Está excepcionalmente dotado para aprender saltos, ejecutar rápidas reacciones y posee “una destacada facilidad para la reunión”, lo que le convierte en una raza única para la doma.

La aparición como tal del caballo español se pierde en la nebulosa de los tiempos, aunque ya en épocas romanas historiadores como Plinio el Viejo hablaban del ‘caballo de Hispania’, arrogante pero dócil y valiente, ideal para la guerra y también para los juegos que se desarrollaban en los circos.

Es en tiempos de Felipe II (siglo XVI) cuando se origina el Pura Raza Española, uno de los primeros proyectos genéticos de la historia para obtener una nueva raza de caballos. Ante el auge de la equitación y la Alta Doma entre la nobleza y la aristocracia, hacía falta un caballo que reuniese la belleza y espectacularidad requerida para esta práctica. Fue entonces, mediado el siglo XVI, cuando el monarca del imperio ‘donde nunca se ponía el sol’ ordenó crear las Caballerizas Reales de Córdoba, donde se agrupaban los mejores sementales y yeguas que había en las provincias en torno al río Guadalquivir (en esa época las mejores en la cría de caballos). Durante 30 años se dio forma al caballo Pura Raza Española, así denominado por ser el emblema de una cultura y un imperio que había conseguido el caballo perfecto.

“El caballo español era exclusivo durante esta época de la Casa Real, que lo utilizaba como regalo o moneda de cambio”, matiza Leopoldo Fernández. Su reputación alcanzó cotas inimaginables: las monarquías de toda Europa lo demandaban para cruzarlo con sus yeguas, lo que dio origen a numerosas razas europeas, como los Lusitano o los Lipizzano, la raza hoy utilizada por la Escuela Española de Equitación de Viena. De hecho, esta institución que, como hemos dicho, celebra este año su 450 aniversario, surge a raíz de que el archiduque Fernando I de Habsburgo, hermano del rey Carlos I de España, llevara a Austria los caballos y adiestradores españoles, que formaron el núcleo de la escuela a comienzos del siglo XVI.

De igual manera se enviaron numerosos ejemplares a América, donde se adaptaron fácilmente al clima y se reprodujeron rápidamente. Así, no sólo influyeron decisivamente en las distintas conquistas de aquellos territorios de ultramar, sino que, al igual que sucedería en Europa, acabaron siendo el origen y base de las distintas razas que posteriormente se desarrollaron en el Nuevo Mundo, caso de los Appaloosa, Mustang, Criollo, o Paso Fino, entre otros.

Momentos difíciles

El PRE supo adaptarse a todo tipo de funciones con el transcurso de los siglos, cuando dejó de ser el caballo exclusivo de la realeza y la nobleza, punta de lanza fundamental en las conquistas y la gloria española. El paso de los años también conllevó, sin embargo, momentos difíciles para una raza que sufrió hasta el límite y fue diezmada por hechos tan dispares como la invasión napoleónica, las desamortizaciones eclesiásticas (con la desaparición de las yeguadas de las órdenes religiosas), la Guerra Civil, la mecanización del campo o incluso las continuas crisis económicas.

Sólo el empeño a través de los tiempos de colectivos e instituciones, como los monjes cartujanos andaluces, el Servicio de Cría Caballar y Remonta del Ejército, el Ministerio de Agricultura, y el trabajo de criadores privados que conservaron la línea de sangre, ha permitido la supervivencia del Pura Raza Española. De esta manera, estos toman el relevo en el punto donde otros lo dejaron y consolidan de nuevo el “status”  caballo español como lo que siempre ha sido: uno de los más bellos, inteligentes y nobles que existen.

El futuro

En el siglo XXI, el caballo español está especialmente valorado en las competiciones de doma, dada su facilidad para  compenetrarse con el jinete. Actualmente hay cerca de 170.000 ejemplares repartidos por 60 países del planeta y su demanda crece constantemente fuera de España.

El resultado del  trabajo de criadores y escuelas pudo comprobarse de primera mano el pasado mes de junio, durante la exhibición ecuestre que sirvió para conmemorar el 450 aniversario de la fundación de la Escuela Española de Equitación de Viena, que tuvo lugar en el centro de la capital de Austria. Allí los caballos de la Real Academia jerezana fueron coprotagonistas de un espectáculo de doma clásica, realizado ante 3.000 personas, junto a sus hermanos austriacos, los famosos lipizzanos.

La Yeguada Centurión mira también hacia el futuro con ilusión, fija su rumbo “hacia lo más alto de la doma clásica” y apuesta por ejemplares prometedores “como Jordán Cen el cual está siguiendo un programa de entrenamiento que le permitirá competir en los campeonatos de Europa, del Mundo y por supuesto en las Olimpiadas, contribuyendo así a la expansión de una imagen de calidad de España y del Caballo de Pura Raza Española”, afirma orgulloso Pujals.