1992: el año que cambió la imagen de España en el mundo

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1992: el año que cambió la imagen de España en el mundo

Momento de la ceremonia inaugural de los Juego Olímpicos de Barcelona. EFE/LLuis Gene. (EFE)
Momento de la ceremonia inaugural de los Juego Olímpicos de Barcelona. EFE/LLuis Gene. (EFE)

Hace un cuarto de siglo, España vivió un año que cambió para siempre no sólo la imagen que el mundo tenía de ella, sino también la imagen que los propios españoles tenían de su país.  Corría el año 1992 y España acogía dos de los mayores eventos de escala internacional: la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Ahora, en 2017, se cumplen 25 años de tales episodios. Unas bodas de plata que traen consigo el anhelo, la nostalgia y el orgullo de una fecha mágica para nuestro país que supuso la culminación definitiva de una España moderna, innovadora y vanguardista a los ojos de la comunidad internacional. El país demostraba su capacidad para llevar a cabo con rotundo éxito dos actos de notable trascendencia y enorme complejidad.

En 1992, cuando el Ibex 35 daba sus primeros pasos y se celebraba el V Centenario del Descubrimiento de América, España tenía la oportunidad irrepetible de ser el centro del mundo y mejorar su imagen exterior. No la desaprovechó.

Los Juegos Olímpicos y la Expo no solo permitieron que España dejara una profunda huella en la historia, también influyeron considerablemente en la modernización de equipamientos e infraestructuras que trascendieron, como es lógico, en las ciudades protagonistas: Sevilla y Barcelona

El descubrimiento de Sevilla

El 20 de abril de 1992 Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, acompañado por toda la Familia Real y las más altas autoridades políticas del momento, inauguró la Exposición Universal de Sevilla, la Expo 92, bajo el lema “La era de los descubrimientos”.

Fueron casi seis meses, hasta el 12 de octubre, fecha en la que se cumplían cinco siglos desde la llegada de Cristóbal Colón a América, de actividades didácticas que batieron todos los récords en este tipo de acontecimientos.

Participaron 112 países y se registraron más de 42 millones de visitas, casi tantas como la población actual española, una cifra que no han logrado superar las tres exposiciones universales que se han celebrado desde entonces: Hannover 2000, Shanghái 2010 y Milán 2015.

Nadie quiso perderse tamaño acontecimiento. Fidel Castro, François Mitterrand, Gabriel García Márquez, Mijaíl Gorbachov, los Príncipes Carlos y Diana de Gales… Todas las grandes personalidades políticas y culturales asistieron a contemplar las maravillas que alojaba la ciudad andaluza.

Una transformación faraónica

La Expo fue posible tras seis años de obras faraónicas y 9.000 millones de euros invertidos en modernizar Andalucía. La mayor parte de dicho presupuesto recayó en Sevilla, unos 6.000 millones, los cuales apuntalaron su transformación urbana y desplegaron la metamorfosis de las cerca de 500 hectáreas de la isla de la Cartuja, recinto donde se celebró la Expo y que apenas cinco años antes era solo un enorme terreno rural en el que se asentaba el Monasterio cartujo, lugar donde Colón planificó su expedición a América.

Para ello se desvió el río Guadalquivir con el fin de eliminar el tapón existente en la zona de Chapina, se erigieron cuatro puentes que unieron la isla con el resto de la ciudad, se creó el recinto de la Expo 92 donde se levantaron 118 pabellones de países y organismos nacionales e internacionales, avenidas, zonas verdes y hasta dos grandes y llamativos medios de transporte: una telecabina y un monorraíl que circulaba a unos 10 metros por encima del suelo.

El 21 de abril de 1992 se unió la línea de Alta Velocidad Española (AVE) entre Madrid y Sevilla, el primer ramal de una red viaria que en estos momentos es la más grande de Europa y la segunda más extensa del mundo con más de 3.200 kilómetros. Gracias al tren ambas ciudades quedaban conectadas en dos horas y media convirtiéndose en uno de los principales activos del sistema económico español.

Hoy en día, la isla de la Cartuja acoge el parque temático Isla Mágica y un centro tecnológico que hospeda a más de 400 empresas que emplean a más de 16.000 trabajadores y que facturan más de 2.000 millones de euros anualmente. Además, también existe un área universitaria, un espacio cultural con teatros y auditorios y una zona deportiva y de ocio con campo de golf incluido.

De Barcelona al mundo

En pleno apogeo de la Expo´92, el 25 de julio daban comienzo los Juegos Olímpicos de Barcelona, con los que España asombró al mundo. Su acto de inauguración es uno de los recuerdos más solemnes y emotivos que atesora la historia contemporánea de nuestro país.

¿Quién no recuerda a Su Majestad el Rey Felipe VI, entonces Príncipe, entrando como abanderado español en el Estadio Olímpico de Montjuic? ¿O aquel “Hola” al resto del planeta que todos los asistentes corearon al unísono?  Y qué decir del encendido de la llama olímpica, donde los 2.000 millones de personas que siguieron la ceremonia por televisión contuvieron la respiración esperando que la flecha del arquero paralímpico Antonio Rebollo alcanzara el pebetero.

La competición se alargó hasta el 9 de agosto, mientras que entre el 4 y el 13 de septiembre se celebraron los IX Juegos Paralímpicos. En total participaron 9.356 atletas (6.652 hombres y 2.704 mujeres) de 169 países, compitiendo en 28 deportes y 257 especialidades. Se batieron un total de 32 récords mundiales y 73 olímpicos. Además, España obtuvo sus mejores resultados hasta el momento con 22 medallas: 13 oros, 7 platas y 2 bronces.

La población de Barcelona se volcó en su realización y con más de 60.000 voluntarios la organización pormenorizó una programación con total ausencia de incidentes, una increíble participación y una modélica disposición. La prensa llegó a calificar a los Juegos de Barcelona como uno de los mejores orquestados de la historia. Una afirmación que contó con el refrendo del presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch.

Un impulso para la Ciudad Condal

La celebración de los Juegos Olímpicos supuso para Barcelona una transformación sin precedentes. Se construyeron dos nuevas terminales en el aeropuerto de El Prat para poder acoger el volumen de asistentes que visitaron la urbe por el acontecimiento deportivo.

La Ciudad Condal también se abrió al mar con la construcción del Puerto Olímpico para albergar las embarcaciones deportivas de los Juegos. Ahora, la zona acoge uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, el Arts, el cual está acompañado por su hermana gemela, la Torre Mapfre. Y justo a sus pies se encuentra el Parc del Litoral, coronado por el Pez Dorado de Frank Gehry, que se ha convertido en el icono del puerto.

Mientras, en la zona alta de la localidad se levantó el Anillo Olímpico con la montaña de Montjuic como gran protagonista. Allí se emplazó el Estadio Olímpico Lluís Companys, con capacidad para 55.000 espectadores, y junto a él nuevas instalaciones como las piscinas Picornell o el Palau Sant Jordi.

La Villa Olímpica, que alojó a unos 15.000 deportistas, se construyó en el barrio del Poblenou, reconvirtiéndolo en un lugar moderno y conforme al espíritu olímpico.

En definitiva, 1992 fue un año histórico con mayúsculas para España. Un escaparate al mundo del que nuestro país sacó el máximo rendimiento, fomentando su imagen exterior y modernizando y vertebrando un territorio gracias a una excelente organización basada en un modelo urbano de calidad.