Alicia Sintes, la española tras las ondas gravitacionales

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Alicia Sintes, la española tras las ondas gravitacionales

Alicia Sintes comenzó como investigadora senior en el Instituto Max Planck für Gravitationsphysik de Alemania, luego estuvo en Portugal, Canadá, Reino Unido, Alemania, Austria e Italia. Foto: GRG-UIB
Alicia Sintes comenzó como investigadora senior en el Instituto Max Planck für Gravitationsphysik de Alemania, luego estuvo en Portugal, Canadá, Reino Unido, Alemania, Austria e Italia. Foto: GRG-UIB

El 11 de febrero de 2016, un siglo después de que lo predijera Einstein, científicos del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO) anunciaron la primera detección experimental directa de ondas gravitacionales. El 14 de septiembre, el observatorio había detectado “una señal correspondiente a una onda gravitacional producida por la fusión de dos agujeros negros”.  Tras hacer pública la noticia, la doctora en Física Alicia Sintes se convertía en la científica más prestigiosa de la Universidad de las Islas Baleares (UIB).

Y es que su investigación se centra en el campo de la astronomía de ondas gravitacionales. Más de un centenar de publicaciones en revistas como Nature, Nature Physics, Physical Review Letters o Astrophysical Journal Letters han difundido sus conocimientos. Alicia Sintes comenzó como investigadora senior en el Instituto Max Planck für Gravitationsphysik de Alemania, luego estuvo en Portugal, Canadá, Reino Unido, Alemania, Austria e Italia. A sus 46 años es apabullante su trayectoria, cada vez más reconocida, en colaboraciones internacionales como LIGO GEO (Gravitational Wave Detector), que son los principales detectores de ondas gravitacionales. También ha sido asesora científica de la Agencia Espacial Europea, está involucrada en la misión espacial eLISA y en el diseño de futuros detectores como Einstein Telescope.

Se ha confirmado que las ondas gravitacionales existen. Tenemos que pedirle que haga uso de la didáctica para que podamos comprender ¿qué son?

Según la teoría de Einstein, el espacio-tiempo está curvo y de alguna manera la gravedad está relacionada con la curvatura del espacio-tiempo. Según esta teoría, de alguna forma el espacio-tiempo le dice a la materia cómo se ha de mover y la materia le dice al espacio-tiempo cómo se ha de curvar. En sitios donde hay más materia, el espacio se curva más. El problema surge cuando tenemos materia en movimiento, materia acelerada. En ese caso, la curvatura ha de cambiar para poder seguir el movimiento que hace la materia. Pero el espacio-tiempo, o la curvatura del espacio-tiempo, no reacciona de forma inmediata ya que, como mucho, la información puede propagarse a la velocidad de la luz. Y esto hace que se produzcan perturbaciones; la curvatura del espacio-tiempo tendría que ser diferente. Estas perturbaciones se propagan en forma de ondas por todo el espacio y son las ondas gravitacionales. Es decir, son perturbaciones en la curvatura del espacio-tiempo que llevan información sobre qué es lo que las ha generado.

Este descubrimiento, ¿qué supone? 

 Que a partir de ahora ya tenemos a nuestra disposición una herramienta más para observar el Universo.

¿Y estamos preparados para mirar el Universo desde esta perspectiva?

Sí, porque esta teoría ya tiene cien años de vida. Llevamos cincuenta años de estudios sobre estas ondas, se conocen muchas más cosas sobre ellas, ha habido grandes desarrollos tecnológicos para hoy en día poder detectarlas por primera vez. Y tendremos muchos más para poder seguir observándolas en el futuro. Además hay un gran conocimiento teórico y astrofísico mucho más avanzado del que había hace unos años. Ahora sí que sabemos qué fuentes son capaces de emitir estas ondas gravitacionales con suficiente intensidad para poder ser detectadas. Porque tú y yo, mientras nos estamos moviendo, generamos continuamente ondas gravitacionales, pero son de muy pequeña intensidad. De esto se dio cuenta Einstein enseguida. Él creía que jamás serían detectadas porque la perturbación es ridícula, es pequeñísima. Entonces hemos de irnos a los fenómenos más exóticos y más violentos del Universo, que producen ondas de una magnitud pequeña pero al menos de estos fenómenos sí que somos capaces, a partir de ahora, de poder medirlas.

Si nos centramos en el trabajo concreto de Alicia Sintes, ¿qué está haciendo con LIGO Scientific Collaboration?

LIGO consta en estos momentos de dos observatorios en Estados Unidos separados entre sí 3.000 kilómetros: uno en Livingstong, en el estado de Luisiana, y otro en Hanford, en el estado de Washington. En cada uno de ellos hay un detector tipo interferómetro, en forma de L, cuyos brazos tienen cuatro kilómetros. El sistema está financiado por la National Science Foundation de EE.UU. y ha sido concebido y estructurado por Caltech y MIT. En cambio, toda la investigación científica la lleva la colaboración científica LIGO, que está compuesta por más de 1.000 investigadores con instituciones en 15 países, entre ellas la Universidad de las Islas Baleares.

¿Cómo llega esta universidad a participar en este proyecto colaborativo y cuál es su función?

En el año 1995 yo era una simple estudiante que estaba en Escocia en una escuela de verano. Allí empecé a escuchar charlas de ondas gravitacionales. Digamos que estas ondas me conquistaron. Cuando regresé a Mallorca ya tenía decidido que iba a dedicar el resto de mi vida a investigar en ese campo. La suerte estuvo de mi parte porque conseguí una beca Marie Curie en 1997 para irme a trabajar al mejor centro y con el mejor científico que había en Europa en esos momentos: el profesor Bernard Schutz, recién nombrado director del Instituto Max Planck de Física Gravitacional, que se acababa de inaugurar en Alemania. Ese año se creaba la colaboración científica LIGO y en ese primer momento yo también fui parte de proyecto GEO. En 2002 conseguí una plaza en la Universidad de las Islas Baleares y luego pedí la incorporación oficial de la universidad en ambas colaboraciones. En un primer momento yo tenía un grupo de trabajo muy chiquitín. Continuaba yendo como visitante a trabajar en el Max Planck en cuanto terminaba las clases. Hace siete años mi marido, Sascha Husa, dejó el  Max Planck y se vino a trabajar con nosotros en la UIB. Entonces fue cuando este grupo investigador comenzó a crecer más en serio.

¿Qué supone para la UIB haber participado en este hallazgo?

A la universidad le ha dado mucha visibilidad local y a nivel nacional. Todo el mundo tiene el concepto de que Mallorca es sol y playa. Nosotros hemos hecho ver que es mucho más. Y es que nuestro grupo ha tenido una implicación muy directa en el descubrimiento. Cuando ocurrió el evento, teníamos a un estudiante de la UIB que estaba haciendo turnos en la observación en el observatorio de Hanford, Miquel Oliver. Él lo vivió en primera persona en salas de control, pudo ver todas las comprobaciones que se hacen in situ. 

Para atender a los periodistas y realizar una labor de divulgación creamos un sitio web donde explicamos, incluso para niños, con fotos, textos, documentales y juegos, qué es un detector, cómo funciona un interferómetro, etc. También hemos recogido cómo vivimos cada uno de nosotros el 14 de septiembre.

Su trayectoria científica ya era fulgurante. Este hallazgo, ¿en qué lugar científico la coloca?

En diciembre, cuando no se había hecho pública la noticia yo era la segunda científica más citada de la UIB y mi marido, el cuarto. Tras el anuncio en febrero, esto ha cambiado. Aunque somos un grupo modesto, en la parte que trabaja él, con postdocs y estudiantes acá, son más de 30 citas en los artículos del descubrimiento, porque resultados que se obtuvieron desde la UIB fueron incorporados a las publicaciones del descubrimiento. A todo esto se añade una alegría que me acaban de dar, y es que LIGO-VIRGO, conjuntamente, que tiene cuatro grupos de trabajo para analizar datos, para diferentes tipos de fuentes, me ha nombrado co-chair de uno de los cuatro, junto con una persona en Michigan.  La sorpresa es mayúscula, somos el único grupo de trabajo español y además con este reconocimiento. Así que mucho más trabajo a partir de ahora para todos.

Cada día descubrimos nuevos científicos e investigadores españoles que destacan internacionalmente por su trabajo, luego tan mal no se estará haciendo en la universidad española…

En España en este campo hay un buen nivel y hay grupos muy buenos, tanto en física teórica como en física en general como en astrofísica, y participando en experimentos muy importantes. Y de forma reconocida. Por ejemplo en neutrinos o en física de partículas el estándar español está muy alto.

¿Qué necesitan los investigadores y científicos españoles para desarrollar su trabajo en condiciones óptimas?

Siempre más recursos y a veces más tiempo. Hay una diferencia brutal entre estar en una universidad y en un centro de investigación, tipo OPIS. Lo que nos sobra es burocracia y papeleo. También es necesario que se reduzca la carga lectiva para poder investigar. Tomarse más en serio la investigación, incluso premiándola si hay resultados, que es cómo funcionan los sistemas anglosajones o el americano.