La historia de nuestros símbolos

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La historia de nuestros símbolos

El artículo 4.1 de la Constitución Española de 1978 establece que "la Bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas"
El artículo 4.1 de la Constitución Española de 1978 establece que "la Bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas".

La actual bandera de España tuvo su origen en 1785, durante el reinado de Carlos III (1759-1788), cuando se estableció un nuevo diseño que ha perdurado hasta hoy, aunque el escudo ha sufrido diversas variaciones.

En la mayoría de los países en los que gobernaba la dinastía borbónica se utilizaban banderas en las que predominaba el fondo blanco, un color que hacía difícil identificar a cierta distancia a los buques de guerra españoles en altamar; algo primordial, sobre todo en tiempos de guerra. Por ello, el monarca encargó a su ministro de Marina, Antonio Valdés y Bazán, el proyecto para un nuevo pabellón naval. El rey escogió finalmente dos modelos diferentes que tenían en común el rojo y amarillo, dos colores fácilmente distinguibles sobre el fondo azul del mar, para los buques de guerra.

En el reinado de Carlos IV (1788-1808) se extendió el uso de la bandera rojigualda, la Bandera Real, a las plazas marítimas, castillos y defensas de las costas. Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), algunos marineros prestaron servicio en campañas terrestres y llevaron la enseña bicolor por el interior de España. Años más tarde, bajo el reinado de Isabel II (1833-1868), se amplió el uso de la enseña bicolor naval al Ejército de Tierra. En 1843, se reconoce como “bandera nacional” la de los colores rojo, amarillo y rojo, y se ordena que todas las unidades militares españolas utilicen la misma enseña.

En la Segunda República (1931-1939) se promulgó un decreto por el que se cambiaba la bandera nacional por la tricolor, con "tres bandas horizontales de igual ancho, siendo la roja la superior; amarilla la central y morada oscura la inferior". Pero, desde el inicio de la Guerra Civil (1936-1939), las tropas sublevadas adoptaron la rojigualda, que convivió con la oficial de la república. Durante el régimen de Francisco Franco (1939-1975), se aprueba el Nuevo Reglamento de Insignias, Banderas y Distintivos que regula su uso y forma, y detalla las características de la Bandera Nacional en sus tres modalidades, de unidades de las Fuerzas Armadas, buques de guerra y edificios.

Tras la muerte de Franco, y con la restauración de la Casa de Borbón en la persona de Juan Carlos I, se aprueba  un nuevo Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos.

La normativa vigente en la actualidad está recogida en la Constitución Española de 1978, que describe la Bandera en su artículo 4.1: “la bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”. Es la descripción de nuestra enseña nacional oficial, tal y como la conocemos ahora.

Escudo de España

Por su parte, el escudo de nuestro país ha sufrido numerosas modificaciones desde su origen -con los Reyes Católicos- hasta llegar al que tenemos en la actualidad. Un escudo con mucha historia detrás, que refleja los vaivenes políticos y sociales que ha vivido España a lo largo de los años.

La unificación de España como nación se produce en el siglo XVI, en 1469, con el matrimonio de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Ambos reúnen en un único escudo los emblemas de todos los territorios en los que gobernaban: las armas de los reinos de Castilla, de León y los de la Corona de Aragón. Después sumarán las armas del reino musulmán de Granada tras su conquista en 1492.

Con la muerte del rey Fernando, le sucede en el trono su nieto Carlos de Habsburgo (I de España y V de Alemania). El monarca incorpora al escudo anterior los emblemas de sus padres, Juana I La Loca y Felipe I El Hermoso, el águila bicéfala del Sacro Imperio Románico Germánico, las columnas de Hércules y la leyenda “plus ultra”, símbolo de la expansión ultramarina de España. 

Como rey de España, Felipe II mantiene el mismo escudo de su padre Carlos I hasta que incorpora las armas de Portugal, al ser proclamado rey del país vecino en 1581. Durante los reinados siguientes, el uso de las armas será el mismo hasta llegar a Carlos II (1661 -1700) que quita las armas de Portugal del escudo español, reconociendo así la independencia del país luso que ya contaba con su propio monarca desde 1640, el duque de Braganza.

Tras la guerra de sucesión que se produjo por la muerte sin heredero del rey Carlos II, se instauró en España la Casa Borbón-Anjou en la persona de Felipe V (1700 a 1724 y de 1724 a 1746) y el escudo vuelve a cambiar: las armas de Flandes y Tirol se movieron a la parte inferior, se colocaron las armas de la nueva dinastía (tres lises de oro y borde rojo sobre campo azul), se añade al Toisón de Oro el de la orden francesa del Espíritu Santo y la corona real española, tal como hoy la entendemos.

La siguiente reforma del escudo llega con Carlos III (1759-1788), quien añade las armas de los Ducados de Parma de la casa Farnesio y Toscana de la casa de Médicis, símbolos de la familia de su madre, y sustituye la Orden del Espíritu Santo por la que lleva su propio nombre, que se añade a la del Toisón de Oro, que se mantiene. 

Tras la invasión francesa, con el reinado de José I Bonaparte (1808-1813) se producen cambios importantes en el escudo dividido en seis cuarteles: Castilla, León, Aragón, Navarra, Granada y las Indias, representadas por dos hemisferios terrestres flanqueados por las columnas de Hércules. Sobre el conjunto, coloca las armas de la familia imperial francesa: un águila de oro sobre campo azul.

Reinstaurada la Casa Borbón en 1813, Fernando VII recupera el escudo completo de Carlos III. Su hija, Isabel II, mantiene el mismo modelo pero con una forma diferente. La reina fue destronada tras la Revolución de 1868, y posteriormente el Gobierno Provisional (1868-1870) estableció otro escudo que aportó elementos básicos al actual, como los cinco cuarteles tradicionales: Castilla, León, Aragón, Navarra y, como vértice del escudo, Granada. Se suprime el pequeño escudo con las armas de la Dinastía Borbón-Anjou, y se completa con la corona mural y las columnas de Hércules que llevan el lema “PLUS ULTRA”, sin coronas.

Durante el reinado de Amadeo de Saboya, Amadeo I (1870-1873), se mantuvo el escudo establecido por el Gobierno Provisional, pero se sustituyó la corona mural por la corona real y se añadieron las armas de su familia (la cruz de plata sobre fondo de gules). Ya con la I República (1873-1874) se suprime el escudete de Saboya y la corona real, que se sustituye por la corona mural.

Después de la Restauración de la monarquía con Alfonso XII (1874-1885) de la Casa Borbón, las armas nacionales vuelven a ser las mismas creadas en 1868, con el añadido de la corona real y el escudo de la dinastía. Posteriormente, la II República (1931) recobra de nuevo el escudo del Gobierno Provisional de 1869 y de la I República. 

Tras la guerra civil, el régimen instaurado por el general Franco recuperó la iconografía heráldica de los Reyes Católicos (incluidos el yugo y las flechas), sustituyendo las armas de Sicilia por las de Navarra, que se reintegraban al escudo, y añadiendo las columnas de Hércules coronadas y una cinta con la divisa "una, grande y libre".

Tras la llegada de la Monarquía, con Juan Carlos I (1975-2014), se modifica la colocación de la divisa del escudo en 1977. Así, el águila de San Juan se presenta de forma azorada (en disposición de emprender vuelo), cobijando bajo sus alas las columnas de Hércules.

Este escudo estuvo vigente desde 1977 hasta que fue sustituido en 1981 por el actual, que se basa principalmente en el adoptado por el Gobierno Provisional en 1868, pero sustituyendo la corona mural por la real, añadiendo sendas coronas a las columnas y superponiendo el escudete de Borbón-Anjou, símbolo de la restauración monárquica, al emblema de la España democrática.

Además del escudo oficial que aparece en bandera española, en 2014 se establece el modelo de escudo de armas de Felipe VI. Se trata de un escudo de uso personal del actual monarca español y representa al Estado de la misma manera que la bandera.