Tras los pasos de Cervantes

Tras los pasos de Cervantes

Monumento dedicado a Miguel de Cervantes en la Plaza de España, Madrid.
Monumento dedicado a Miguel de Cervantes en la Plaza de España, Madrid.

2015 fue el año en que celebramos el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El Quijote. Y en 2016 conmemoramos otra efemérides, el también cuarto centenario de la muerte de su autor, Miguel de Cervantes Saavedra, el “Príncipe de los Ingenios”, el autor español más inmortal. Tanto, que en realidad Cervantes sigue vivo: lo está en sus obras y en sus lugares, los que habitó y los que eligió como escenarios para sus personajes. Una vida tan compleja y azarosa, y una obra de absoluta referencia en el imaginario común dan para realizar muchas rutas a través de las cuales conocer al genio complutense. Podemos hacer hasta una ruta internacional, que nos lleve a los lugares por los que pasó (gran parte de Italia, Lisboa, Argel, Orán…). Pero centrémonos y escojamos dos: la vital de Cervantes y la recogida en su obra convertida en mito, Don Quijote de la Mancha.

Siguiendo las huellas de Cervantes

Nuestro primer paso nos lleva hasta su lugar de nacimiento, el municipio madrileño de Alcalá de Henares (en dura pugna con Alcázar de San Juan, que reclama a Cervantes como hijo propio), una de las 15 ciudades españolas Patrimonio de la Humanidad, donde una propia Ruta Cervantes nos guía por los principales lugares relacionados con la vida del “Príncipe de los Ingenios” en esta ciudad, desde la vivienda en la que nació, hoy Museo Casa Natal Miguel de Cervantes, la parroquia de Santa María la Mayor, donde fue bautizado y en cuyas capillas de Antezana y del Oidor aún en pie se ubica el Centro de Interpretación de los Universos de Cervantes, la Plaza y estatua del propio escritor, la Imprenta de la Galatea, el Colegio Mayor de San Ildefonso…

La siguiente etapa de esta atípica ruta nos sitúa en Esquivias, la localidad toledana en la que Cervantes pasó largas temporadas, contrajo matrimonio con Catalina de Palacios, vecina de la localidad, y, según argumentan algunos eruditos y estudiosos de la obra cervantina, es el verdadero ‘lugar de La Mancha’ donde habitaba Alonso Quijano. De hecho, la Casa Museo Miguel de Cervantes de la localidad es una casona típica de dos plantas de los labradores acomodados del siglo XVI, que perteneció a Alonso Quijada de Salazar. Y hasta ahí podemos leer.

Ahora nos vamos al sur, como hizo nuestro protagonista en sus días, hasta Sevilla, ciudad que acabaría jugando un importante papel en la vida literaria de Cervantes. Fundamentalmente porque es creencia común que en la cárcel sevillana donde estuvo preso en 1597 esbozó la obra que ocho años después significaría su ascenso hacia la gloria y el Olimpo de los escritores, El Quijote.

Es momento de subir hacia el norte, igual que el propio Cervantes siguiendo a la Corte de Felipe III, que se había trasladado en 1601 a Valladolid, ciudad en la que el escritor había vivido fugazmente cuando apenas contaba con 4 años y en la que residiría entre los años 1604 y 1606; es decir, coincidiendo con la fecha de publicación de la primera parte de El Quijote. Allí, en la vivienda en la que habitó, se encuentra el Museo Casa de Cervantes, una de las principales instalaciones que podemos encontrar en España en torno a la figura del escritor y que es titularidad del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Finalmente, esta primera ruta concluye, como no podía ser de otra manera, en Madrid, lugar en el que residió en distintas etapas de su vida y al que regresó definitivamente siguiendo nuevamente a la Corte, que volvió a instalarse en la capital de España. Ya no saldría de allí hasta su muerte, acaecida un 22 de abril de 1616. Madrid, como no podía ser de otra manera, dispone de sus propios planes para seguir las huellas del insigne escritor por la ciudad. Así, podremos conocer, por ejemplo, el convento de Las Trinitarias, donde fue enterrado, la Casa de Cervantes, en el Barrio de Las Letras, donde vivió y murió, la imprenta Juan de la Cuesta, donde se imprimió la edición príncipe de la segunda parte de El Quijote, y, cómo no, el Instituto Cervantesque, como el escritor, ha sobrepasado fronteras para llevar el estandarte del idioma español por todo el mundo.

Siguiendo los pasos de El Quijote

Considerada desde el año 2007 como Itinerario Cultural Europeo, el primero basado en un personaje literario, la ruta de Don Quijote es muchas rutas en una, son diez tramos que discurren por 2.500 kilómetros a través de Ciudad Real, Cuenca, Toledo, Guadalajara y Albacete. Unos caminos que pasan por 2.000 elementos de interés cultural, 20 zonas de atractivo natural, vías pecuarias en perfecto estado, caminos históricos, riberas fluviales y 148 poblaciones. Aquí van algunas de ellas, de interés por su destacada presencia en El Quijote:              

Campo de Criptana. En Ciudad Real, en el corazón de La Mancha encontramos la cuna de los molinos contra los que, cual gigantes, batalló el ingenioso hidalgo y salió malparado. En tiempos de Cervantes es posible que fueran más de medio centenar; en el siglo XIX se documentó la existencia de 34 molinos. En la actualidad se pueden contemplar una decena en la Sierra de los Molinos, entre ellos los tres que mantienen la estructura y maquinaria original: Infanto, Sardinero y Burleta. Según la tradición, el escritor se inspiró en este último para la alocada lucha de Don Quijote.

Argamasilla de Alba. Nos dirigimos hacia el sur de la provincia hasta llegar a este municipio, próximo a Tomelloso. Según algunos estudios, y el prurito de sus ciudadanos, Cervantes preparó aquí El Quijote y no en Sevilla. Y fue también estando prisionero, en este caso en una cueva dentro de la llamada casa de Medrano, aunque no existe documento alguno que acredite este hecho. Sea o no la cuna de El Quijote, Argamasilla es un centro quijotesco de primer orden, con numerosos actos culturales cada año alrededor del caballero de la triste figura. Cuenta además con un destacado castillo, el de Peñarroya, y en su término municipal están parte de las incomparables Lagunas de Ruidera.

El Toboso. Regresamos hacia el norte para, muy cerca de Campo de Criptana, encontrarnos con el pueblo donde vivió doña Ana Martínez Zarco de Morales, a quien Cervantes inmortalizó como la amada platónica de Alonso Quijano, Dulcinea. Allí está la casa-museo de Dulcinea y un interesante Museo Cervantino, todo ello en viviendas tradicionales manchegas, levantadas entre los siglos XVI y XVII.

Son algunos ejemplos de dónde empaparse del espíritu de Cervantes y de su inmortal criatura literaria. Todos dignos de ser disfrutados.