Raquel Andueza, la voz del barroco español

Raquel Andueza, la voz del barroco español

Conocida como la ‘soprano de las emociones’, Raquel Andueza asegura encontrarse más a gusto en repertorios más íntimos que virtuosos. Foto: Michal Novak
Conocida como la ‘soprano de las emociones’, Raquel Andueza asegura encontrarse más a gusto en repertorios más íntimos que virtuosos. Foto: Michal Novak

Hasta donde le alcanzan los recuerdos, la pamplonesa Raquel Andueza ya cantaba. Hoy, es una de las voces más representativas de una música, la barroca (siglos XVII y XVIII), que triunfa en todo el mundo. Conocida como la ‘soprano de las emociones’, asegura encontrarse más a gusto en repertorios más íntimos que virtuosos. De gira constante llevando el nombre de España por los cinco continentes, cuando no está buscando nuevas canciones o grabando, da rienda suelta a su vena solidaria. “Los ojos emocionados de alguien que necesita alivio o compañía son el mejor regalo que puedo tener”, confiesa.

¿Por qué decidió dedicar su voz a la música barroca?

Muchas veces no tengo claro si fui yo la que se dedicó a la música barroca o fue ella la que me eligió a mí... Siento una atracción hacia ella de manera instintiva. Desde que era muy pequeña, cuando escuchaba música clásica, lo que más me gustaba eran los compositores barrocos (Bach, Haendel, Purcell). Y casualmente mi voz no es excesivamente grande ni posee un amplio vibrato. Así que la conjunción de ambas cosas hicieron que aquí me encuentre ahora, viviendo este sueño de dar voz a estos increíbles compositores.

Dicen de usted que es la ‘soprano de las emociones’… ¿Qué busca transmitir cuando canta?

Buscar... Creo que no busco nada más que disfrutar de la música que tengo entre manos, con mis compañeros, y contársela al público. Hago el repertorio de las emociones (en Italia, en el siglo XVII, al repertorio que hago se denomina musica degli affetti, donde cada nota estaba concebida para describir una emoción, un sentimiento) y siempre digo que más que a cantar, me dedico a contar historias.

¿Cómo definiría su voz, qué distingue a Raquel Andueza como soprano?

Definir mi voz es algo difícil. Creo que es una voz de tamaño medio, de registro amplio (aunque no excesivamente agudo), y quiero pensar que es dulce y no hiriente. Me encuentro más cómoda en repertorios más íntimos que extrovertidos y virtuosos, por una cuestión personal. No me gusta fardar de instrumento, y cuando tengo pasajes muy lucidos vocalmente a veces siento pudor y me sonrojo, por miedo a pensar que el público sienta que soy soberbia.

Tras sus canciones hay una ardua labor de investigación: ha rescatado temas de Cervantes o Quevedo desconocidas. ¿Cómo prepara sus repertorios?

Cuento con la imprescindible presencia de Jesús Fernández Baena, tiorbista y miembro fundador de nuestro grupo La Galanía, el cual siempre está buceando en bibliotecas del mundo para encontrar tesoros ocultos. Cuando tiene pistas sobre algún manuscrito, lo intentamos encontrar: Vamos a la biblioteca en cuestión, lo solicitamos, transcribimos, compartimos con nuestros compañeros... Es siempre muy emocionante, aunque es cierto que el camino es más largo y el trabajo más laborioso. Pero, por ejemplo, nunca se me olvidará cómo en la Biblioteca del Vaticano me temblaban las manos al transcribir, emocionada, una chacona absolutamente maravillosa que nadie había rescatado desde el siglo XVII, y que grabaremos en nuestro próximo disco.

Ha paseado el repertorio español por los escenarios de todo el mundo, haciendo una demostración de Marca España original y comprometida. ¿Cómo reacciona la gente?

En el extranjero todo lo español gusta muchísimo. Hemos llevado nuestro repertorio, aparte de por toda Europa, a Japón, Estados Unidos, Colombia, Panamá, Egipto, Rusia... En una semana nos vamos a México, en enero a Canadá... Es muy gratificante ver cómo la música española cala tan pronto en las distintas culturas que visitamos. El repertorio español es una joya y un estandarte maravilloso y único que tenemos, y organismos públicos, como el Instituto Nacional de Artes Escénicas y Música (INAEM), son cada vez más conscientes de que tienen que apoyar el sector que lo representa.

Ha estado bajo la dirección de las mejores batutas; ¿le queda algún director con el que le gustaría trabajar? ¿Y un músico con el que quiera compartir escenario o estudio de grabación?

Hay aún muchos directores con los que me gustaría trabajar. Por supuesto, cantar con los maestros Gardiner y Savall serían sueños cumplidos, y volver a estar en más ocasiones bajo la batuta de Pablo Heras-Casado o Enrico Onofri, ambos músicos impresionantes que sacan lo mejor de ti, sería precioso.

No se cierra puertas: ha puesto la voz en bandas sonoras de series de televisión como ‘Isabel’ y en películas como ‘Exodus’ de Ridley Scott. ¿Algún otro proyecto relacionado con las artes visuales?

Me gusta mucho explorar caminos distintos al del escenario. No veo la televisión, pero la colaboración en las series de ‘Isabel’ y ‘Carlos’ fueron maravillosas, ya no sólo por la experiencia per se, sino también por quien estaba detrás de esas partituras, el genial compositor Federico Jusid. Y grabar en los estudios londinenses de Abbey Road para ‘Exodus’, con banda sonora de otro maestro, Alberto Iglesias, fue y será inolvidable. También con La Galanía grabamos la música del anuncio de la colonia -Loewe Sport-, que fue otra experiencia fantástica, y estoy segura de que seguiré colaborando en este tipo de proyectos. Eso sí, mi sueño sería poner la voz a una princesita de Disney...

¿Qué proyectos inmediatos tiene? Tengo entendido que antes de final de año va a publicar un nuevo disco con su grupo La Galanía y el contratenor Xavier Sabata, con arias de Francesco Cavalli.

Seguimos hasta fin de año con conciertos en México, Letonia, Alemania... Y sacaremos nuestro nuevo disco de La Galanía, titulado ‘Miracolo d'amore’, con un repertorio de preciosas arias de ópera de Francesco Cavalli.

Entre concierto y concierto también tiene tiempo para implicarse en causas solidarias…

Siempre digo que si pudiera ganarme la vida cantando para personas que lo necesitan, lo haría, sin duda. Es lo más gratificante que hago, aunque muchas veces es difícil actuar en hospitales sin que se te haga un nudo en la garganta. Colaboro con diferentes asociaciones, como Música en Vena, Nuevo Futuro en Navarra, o ahora con la Diputación de Álava, donde en diciembre haremos un concierto en Vitoria para el Aula de la Tercera Edad. Los ojos emocionados de alguien que necesita alivio o compañía son el mejor regalo que puedo tener. En un mundo ideal, si los gobiernos sacaran plazas de funcionario para ser músico social, no tendría dudas en dejar un poco más de lado el escenario. Creo firmemente, además, que los músicos, que en nuestra mayoría hemos estudiado en centros públicos y/o con becas del Ministerio de Cultura (es decir, con fondos públicos), tenemos el deber moral de "devolver" esos ingresos que todo el país ha dado para que nosotros pudiéramos estudiar, a las personas que en algún momento de sus vidas necesitan compañía, descanso, consuelo o cualquier tipo de ayuda moral.

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