El robot espantapájaros: un dron español para proteger las cosechas

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Paco Morente ha creado un sistema biomimético 100% español que revoluciona la agricultura y ha despertado el interés incluso de la NASA.

El robot espantapájaros: un dron español para proteger las cosechas

El dron puede usarse en cualquier lugar donde las aves creen problemas o pérdidas económicas.
El dron puede usarse en cualquier lugar donde las aves creen problemas o pérdidas económicas.

De Coria del Río, en Sevilla, al mundo y volando. Tras mucha perseverancia, Paco Morente ha logrado poner en marcha un innovador dron capaz de frenar plagas de animales a las cosechas sin violencia. Su fuente de inspiración ha sido la naturaleza.

Un día, Paco Morente decidió sentarse y observar cómo resuelve la naturaleza los problemas. “Pensé que si era capaz de copiarla, tendríamos soluciones económicas, sostenibles, accesibles y eficaces en todo el mundo”. A partir de esta reflexión, mucho trabajo y unos cuantos años de constancia y paciencia, Morente ha logrado diseñar un sistema biomimético con el que es posible frenar los ataques de aves en piscifactorías y cultivos. ¿Cómo? Empleando un dron construido al 70% en material reciclable, que replica la forma y el vuelo típico de aves como el halcón, gavilán, azor o pigargo.

El aparato se teledirige manualmente o por satélite mediante piloto automático y cumple una función similar a la que haría un ejemplar en su hábitat natural: amenazar y provocar la huida de gaviotas, cormoranes, garzas, gorriones. Para ello, utiliza, como él mismo dice, una de las más poderosas emociones: el miedo. “Estaba estudiando  sistemas de fumigación sostenibles cuando pensé en las graves pérdidas que soportan los agricultores con otros animales, como las aves. En África y Sudamérica llegan a arrasar grandes extensiones. Descubrí que ninguno de los sistemas existentes funciona porque las aves no comprenden lo que se les quiere comunicar. Aplicamos conceptos de mamíferos a animales que no lo son”, explica el inventor.

El vuelo del dron cumple una función similar a la que haría un ejemplar en su hábitat natural

Ser constante

¿Y cómo este murciano afincando en la localidad sevillana de Coria del Río ha acabado despertando el interés del CSIC, de empresas tecnológicas e, incluso, de la NASA? “Supongo que la curiosidad y la búsqueda de soluciones forman parte del ser humano: la necesidad agudiza el ingenio. Pertenecer a una familia numerosa, significa observar cómo cada día tus padres improvisan para salir adelante. La carestía lleva a la innovación”, comenta.

“Yo no soy bueno en casi nada, ni ornitólogo, ni ingeniero aeronáutico, pero sí soy constante. Las críticas y los fracasos los utilizo para ajustar, pulir y ordenar mis inventos, no deshecho nada.  El inventor no necesariamente tiene que tener una buena formación académica, todo el mundo tiene cientos de buenas ideas al cabo del día que aportan soluciones efectivas a problemas actuales. Lo importante es creer en ellas, discernirlas y, si descubres que es buena de verdad: ¡adelante! Aunque el mundo entero lo niegue: ¡adelante! Hay que arriesgarse abriendo nuevos caminos”.

Su carrera da fe de ello: antes de que su dron fuera una realidad, Morente tocó muchas puertas, viajó, aprendió y volvió a empezar. Desde 2006 hasta hoy. “Tengo mucha estima por la experiencia de la gente sencilla. Cuando un agricultor te habla de éste o aquél pájaro con el que lleva bregando toda la vida, hay que escuchar atentamente. Después, toca documentarse con estudios científicos y encontrar la tecnología adecuada”, añade. Es aquí donde surgió la colaboración con el equipo de investigación que dirige Jordi Figuerola en la Estación Biológica de Doñana (CSIC) que perfeccionaron el dron para el control de aves. 

Ecosistema completo

Antes de que el dron biomimético entre en acción en una finca, hay que trazar la misión in situ, valorando primero qué especies hay que combatir para utilizar el depredador adecuado, número de individuos, momento vital y cultivos, entre otros muchos aspectos. “Cada finca es percibida por las aves como parte de un ecosistema completo. Esta comprensión es vital para ir modificando las misiones de ataque conforme evoluciona la plaga, intentando adelantarnos a sus movimientos. Sin presión, sin violencia, respetando los tiempos y permitiendo que las cosas vayan cambiando al ritmo que marca la propia naturaleza ”, apunta Morente. Justo lo contrario a lo que se había ensayado hasta el momento: “Envenenamientos, disparos, trampas, petardos, cañones de carburo, geles de silicona etc., algunos tratan de molestar otros de asustar, pero las aves rápidamente se habitúan porque no los consideran una amenaza  y, por tanto, la plaga no desaparece.

Aplicar métodos letales, además de ser una barbaridad, es contraproducente, pues al no disminuir la cantidad de alimento disponible existe más comida para menos individuos y la especie se reproduce con mayor rapidez. Al final, el problema empeora”.  

Las aplicaciones no quedan ahí pues el resto de dispositivos incorporados a bordo también se pueden utilizar para investigación, conteos, lucha contra la caza furtiva... “Puede usarse en cualquier lugar donde las aves creen problemas o pérdidas económicas: aeropuertos, campos de fútbol, silos, cascos históricos…”. De hecho, el ayuntamiento de Coria del Río, con muchísima relación histórica con Japón, ya trabaja para que las autoridades niponas conozcan el invento y valoren su aplicación en sus granjas avícolas para evitar la contaminación de la gripe aviar que transmiten las aves migratorias. 

Compañeros de viaje

Morente no duda en agradecer a todos sus compañeros de viaje: “He tenido mucha suerte”, asegura, mientras cita a Plácido y Maribel de la Reserva Natural Concertada de la Cañada de los Pájaros en La Puebla del Río (Sevilla), "siempre solícitos a prestar infraestructuras y sabiduría"; a Simón Vázquez, del clúster manager del sector aeronáutico de Andalucía de la Fundación Hélice; a Jaime Durán de la Agencia Andaluza del Conocimiento y a la vicepresidencia Adjunta de Transferencia del Conocimiento del CSIC; a Asaja Sevilla y a empresas como Frutaria, Frutas Esther y Piscifactoría Tres Mares, que apostaron desde el principio por esta forma sostenible de solucionar un problema mientras que aumentaban a la vez su producción.

Y es que tal y como sostiene la FAO, el control de la fauna salvaje también supone un considerable ahorro de pesticidas al evitar la expansión de patógenos en sus picos, plumas y patas, consiguiendo con ello insumos más saludables.

Proyectos de futuro

¿Y después, qué? “¡En la agricultura está todo por inventar! Ahora mismo estamos en fase de patentar otro sistema en colaboración con el CSIC y varios proyectos más en cartera.

A medida que avanza los pocos detalles que puede desvelar, la pasión vuelve a aparecer en su discurso: “La innovación es un reto continuo que te mantiene atento y vivo. Eso sí, siempre rodeado de un cierto inconformismo científico donde las soluciones parecen casi inalcanzables. Vas solucionando problema tras problema para intentar llegar a algo viable que siempre te parece incompleto”. Pero como reza su lema, una cita que ha tomado prestada a Marie Curie: “En la vida no hay nada que temer, solo comprender”.