Javier Fernández pilota uno de los drones utilizados para cartografiar la sierra del Teleno. Javier Fernández Lozano

En España existen numerosos vestigios mineros romanos, sobre todo en el noroeste de la península. Javier Fernández Lozano

La resolución de sus imágenes aéreas es tan grande que se puede ver una moneda de dos euros en el suelo. Javier Fernández Lozano

La calidad de las fotografías permite la reconstrucción de modelos tridimensionales del terreno. Javier Fernández Lozano

La geoarqueología española reconstruye el mayor complejo de minas del imperio romano

Científicos de cuatro universidades españolas han utilizado drones y las más modernas tecnologías para redescubrir y cartografiar la red de minas de oro más importante del Imperio romano, situada en los Montes de León.
28/12/2018

Científicos de las universidades de Cantabria,  de Salamanca,  de Castilla-La Mancha y la Complutense de Madrid han unido sus fuerzas para ahondar en la geoarqueología cartografiando e investigando en profundidad el mayor complejo de minas de oro del Imperio romano, situado en la sierra del Teleno, en los Montes de León.

Se trata de una región minera desde tiempos inmemoriales rica en vestigios históricos, pero de difícil acceso debido a su orografía y naturaleza viva. Por ello, el proyecto ha contado con el uso de drones y las más modernas tecnologías con el fin de reconstruir digitalmente la zona como nunca antes se había imaginado.

Gracias a los drones se han podido alcanzar lugares prácticamente inaccesibles a más de 2.000 metros de altura, fotografiando estos yacimientos a una altísima resolución para después crear modelos tridimensionales del terreno que se pueden observar desde un televisor, una tableta o un teléfono móvil.

Doctor en Ciencias Geológicas por la Universidad de Utrecht (Holanda), Técnico en Topografía y Fotogrametría por la Universidad Politécnica de Madrid y piloto de drones, Javier Fernández Lozano (Madrid, 1982) es profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra y Física de la Materia Condensada de la Universidad de Cantabria y coordinador de un estudio que ha sido capaz de sacar a la luz los secretos de esta importante explotación por medio de una precisión única.

Habéis cartografiado el mayor complejo de minas de oro romanas de toda Europa en los Montes de León, ¿cómo ha sido vuestro trabajo?

Hemos realizado una documentación a un nivel y con una resolución nunca antes vista. Gracias a los drones se han cartografiado 30.000 hectáreas. Es decir, estamos hablando de, aproximadamente,  40.000 campos de fútbol a una resolución enorme. Podemos, incluso, a partir de las fotografías obtenidas, observar una moneda de dos euros desde el aire.

Lo que hemos hecho es realizar un trabajo inédito utilizando drones. Es la primera vez que se hace para documentar la minería aurífera romana y, aunque el yacimiento ya era conocido, hemos radiografiado el terreno utilizando nuevos métodos y aportando nuevas metodologías que permiten al resto de científicos proseguir en el conocimiento de la minería aurífera romana en nuestro país.

El terreno donde se encuentra el complejo es bastante inaccesible por lo que esta investigación puede ayudar a descubrir muchas nuevas características de las minas.

Así es. Por un lado, la zona de estudio es muy montañosa, tiene una orografía compleja y es muy difícil acercarse para poder tomar datos de calidad. Esto se puede hacer desde el aire, pero, en muchos casos, estas fotografías no tenían la resolución suficiente y los modelos digitales no permitían obtener una imagen de alta calidad para trabajar sobre ella. Ahora, gracias a los drones podemos hacer un tratamiento de la imagen y obtener muchísima información a una resolución elevada.

¿Cómo son estos drones?

Los drones que utilizamos son cuadricópteros, son muy pequeñitos y permiten maniobrar muy bien en zonas de difícil acceso, donde hay mucho relieve montañoso o donde hay mucha vegetación y rocas.

Con ello, por un lado, obtenemos imágenes que las tratamos para poder localizar los vestigios de canales, depósitos de agua y zonas mineras explotadas. Y por otro, a través de un procesado de los datos recogidos por el dron conseguimos una serie de modelos digitales de alta resolución que permiten también el tratamiento, descripción y valoración de los restos arqueológicos.

También habéis utilizado la fotogrametría, ¿qué es esta técnica?

Podemos decir que las bases de este sistema se remontan al siglo XV con Leonardo Da Vinci, cuando aparece la perspectiva. A partir de aquí, y ya en el siglo XIX, se pudieron empezar a tomar imágenes aéreas sucesivas. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial ya se establece una técnica fotogramétrica que funciona a través de la reconstrucción del relieve mediante fotografías aéreas. Esto lo utilizaron primero con fines militares y posteriormente los gobiernos comenzaron a utilizar la fotogrametría para la elaboración de mapas topográficos.

Nosotros lo que hemos hecho ha sido utilizar nuevas técnicas, que se llaman Structure From Motion, y que están basadas en la fotogrametría tradicional. Es decir, las que se vienen realizando en el último siglo, pero mediante una visión computarizada. A partir de los pixeles de la imagen y el software que utilizamos localizamos las zonas de estudio.

Luego, generamos una nube de puntos que mediante un proceso posterior puede crear un modelo digital del terreno. Mediante tres fotografías conjuntas pasamos del 2D a una imagen tridimensional.

¿Qué otras ventajas tiene la metodología que estáis utilizando?

Las técnicas que utilizamos tienen una ventaja muy importante y es que tanto el láser aerotransportado, que nos permite eliminar la vegetación, como los drones proporcionan una cantidad de datos enorme para el detallado científico, sacando a la luz todo el esplendor de esos restos de minería aurífera.

Y esto es importante porque en muchos casos el problema con el que se encuentran los arqueólogos es que no existen registros de documentación. O bien no hay restos arqueológicos porque no se ha podido excavar o no se han hallado, o bien no existen fuentes literarias o epigráficas que permitan reconstruir cómo ha sido la ocupación con fines mineros de toda esa zona. Y gracias a los datos que nosotros estamos obteniendo podemos avanzar y completar el puzle de la minería aurífera romana en el noroeste de España.

¿Cuánto tiempo lleváis trabajando en este proyecto?

Llevamos cuatro años. Iniciamos los trabajos utilizando un láser aéreo y en la actualidad utilizamos drones porque es una técnica poco costosa y además muy rápida para obtener información. Ya hemos pasado de las 30.000 hectáreas y la idea es poder continuar con este trabajo de investigación, ya que se pueden tardar semanas en elaborar los modelos.

Piensa que cada imagen tiene entre 6 y 10 megas. Estamos tratando del orden por modelo de 300-400 imágenes e incluso en algunos casos hasta de 1.200 imágenes. Este número multiplicado por los 6-7 megas de cada imagen… estamos hablando de 7 teras de información que tiene que procesar el ordenador. ¡Trabajamos con un volumen  de información muy grande! Esto es debido a que las imágenes que obtenemos con el dron son de una resolución elevadísima.

¿Y qué se conoce hasta el momento de estas minas de oro?

Mucha gente es conocedora de las minas, pero nosotros hemos extendido el registro de toda la zona proporcionando una nueva geometría con una resolución elevadísima. Y, sobre todo, más allá del valor científico que tiene, es su potencial para la divulgación porque obtenemos imágenes aéreas de altísima resolución haciendo partícipe a la población de esos restos arqueológicos, de su propio patrimonio, para que lo conozcan, lo protejan y ayuden a preservarlo.

Pero no solo está pensado para jóvenes y adultos, sino para aquellos que tienen limitaciones como personas de movilidad reducida, individuos que no tienen la capacidad para llegar a esos lugares donde se presenta el patrimonio. A partir de modelos tridimensionales podemos romper esas barreras y acercar la historia a todos los públicos.

Por otra parte, esto también permite la preservación del patrimonio en caso de que se produzcan daños. Es una forma de tener digitalizado el yacimiento y que en un momento dado se pudiese generar una réplica para conservarlo o para mostrarlo al público.

Cerca de allí están Las Médulas, la gran explotación aurífera del Imperio romano, declarada Patrimonio de la Humanidad. ¿Existen muchas minas de oro y otros metales preciosos de aquella época en nuestro país?

Sí, existen numerosos vestigios. Es más, el historiador y académico de la Real Academia de la Historia, José María Blázquez Martínez, que murió hace dos años, ya destacaba en algunas de sus obras de referencia que la península ibérica era probablemente el mayor complejo minero de todo el Imperio romano. A partir de aquellos primeros estudios que él realizó estamos creando una documentación que, efectivamente, nos está demostrando que estamos ante el mayor conjunto aurífero de toda Europa.

Estamos analizando otras zonas mineras romanas en Europa, pero en ningún caso llegan a tener la extensión tan enorme que encontramos aquí en la península ibérica. Y en el noroeste, en especial.

En España hay otras muchas ruinas de minería aurífera e incluso también hay restos de minería de hierro, cobre o plomo de época antigua. Además, en algunos casos nos remontamos a etapas prerromanas. La península ibérica siempre ha sido conocida, ya desde los fenicios, por la importancia de sus depósitos minerales.

¿Seguiréis trabajando en este complejo o pensáis  investigar otros yacimientos en el futuro?

Todavía queda mucho por hacer y creemos que vamos a poder seguir aportando muchísimo. De momento queremos aprovechar las nuevas tecnologías que van a ir saliendo. Yo creo que a medida que esas nuevas tecnologías sigan entrando en escena se va a ir mejorando la valoración, reconstrucción, identificación y descripción de los restos.

Por lo cual tenemos un gran abanico de posibilidades para la investigación de la minería aurífera romana. Queremos estar ahí y liderar el estudio de la geoarqueología, como nosotros la llamamos, desde una perspectiva científica, geológica y, sobre todo, tecnológica. Queremos seguir progresando en la frontera del conocimiento.