Gallardo lleva más de 1.500 victorias en Estados Unidos. Foto: Antonio Gallardo

Desde su llegada a Estados Unidos se ha convertido en uno de los jockeys más importantes del mundo. Foto: Antonio Gallardo

"Llevo 1.500 victorias y lo que quiero es seguir sumando y sumando a ver cuál es el tope", A.Gallardo.

Antonio Gallardo, un jockey estrella en Estados Unidos

Este gaditano se ha convertido en uno de los jockeys más exitosos del mundo. Amante de los caballos, llegó sin nada a Estados Unidos y, aferrándose al famoso “sueño americano”, hoy en día cuenta con un impresionante aval de 30 millones en premios y más de 1.500 victorias.
27/11/2018

En Jerez le llamaban “El Pecas”, pero ahora en Estados Unidos es conocido como “el Antonio Banderas de los caballos”. Y es que Antonio Gallardo (Jerez de la Frontera, 1987) se ha convertido en uno de los jockeys más prestigiosos del mundo. 30 millones en premios y más de 1.500 victorias le avalan.

Antonio ha tenido que luchar muy duro en su vida. Llegó a Miami con tan solo 19 años, pocos billetes en el bolsillo y mucha ilusión. Quería comerse el mundo de las carreras de caballos, pero chocó con la cruda realidad. Tuvo que trabajar como mozo de cuadras para sobrevivir. Pasó frío, pasó hambre y pasó desesperación.

Pero Antonio se aferró al “sueño americano” y lo convirtió en propio. Se fabricó un caballo de madera para practicar y adaptar su técnica. Cuando le dieron la oportunidad no la desaprovechó. Una victoria llevó a otra. Y otra más. Y otra. De la nada se trasformó en un ídolo. Ahora es toda una estrella, la gente le pide fotos y autógrafos por la calle. También es un favorito en las apuestas. Y espera que siga siendo así porque aún tiene hambre de triunfos.

Antonio, eres uno de los jockeys más importantes del mundo. Desde que llegaste a Estados Unidos has conseguido unos 30 millones en premios, has competido en 7.750 carreras y has terminado primero en 1.523. ¿Cómo se consigue algo así?

Con muchísimo trabajo y dedicación. Cuando llegas aquí, a Estados Unidos, ves que esto son grandes ligas. Es como allí en el fútbol que puedes estar jugando en el Real Madrid o el Barcelona. Personalmente, he dedicado mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucho sacrificio: con la familia, el trabajo, el tener que moverte de un sitio a otro… Y poco a poco he ido recogiendo los frutos que he ido sembrando.

Aunque tus inicios en Estados Unidos y en el mundo de las carreras de caballos no fueron precisamente fáciles, tuviste que sufrir y trabajar mucho y muy duro.

La verdad es que sí, pero le doy gracias a Dios de que fuese así porque cuando las cosas cuestan trabajo ves el esfuerzo que te ha costado, todo el sacrificio que has hecho y lo saboreas un poco mejor.

¿Podríamos decir que eres la viva imagen del famoso “sueño americano”?

Totalmente. Hay mucha gente que viene aquí a ello. ¡Yo era uno de ellos! Al principio ese sueño está un poco alejado y muchas veces te preguntas si ese sueño existe realmente. Hoy en día me he dado cuenta de que es verdad y que todo el mundo que quiera conseguirlo tiene la oportunidad de hacerlo, pero tiene que trabajarlo duro. Y no solamente en el mundo del jockey, estoy hablando de todos los ámbitos, pues tengo amigos de diferentes campos. Personas que han llegado a este país y hoy por hoy tienen empresas y éxito.

¿De dónde proviene esa pasión por los caballos y las carreras?

A mí siempre me gustaron los caballos. Mi abuelo, Pepe Gallardo, era jockey. Yo nunca lo vi montar porque él se tuvo que retirar muy joven al tener un accidente muy grande, pero sí vi montar a mi tío. Bueno… no lo vi en carreras, pero sí en la yeguada militar, donde aún trabaja. Yo siempre tuve esa influencia de mi tío y mi abuelo con los caballos. Supongo que lo llevaba en la sangre.

Además, desde muy pequeñito me llevaban a las carreras de Sanlúcar. ¡No podía esperar a esa época del año para poder ir a verlas con mi familia! Ahí me di cuenta de que me gustaban los caballos. Lo que pasa es que a mi mamá nunca le gustó que yo fuese jockey, por lo que me metí en la hípica, en el salto. Ahí estuve desde los 9 añitos hasta los 15 años que ya me fui a la yeguada a aprender a ser jockey.

Aquí en España el turf no es un deporte muy extendido. ¿Cómo es una carrera de caballos? ¿Cómo la describirías?

Para mí, personalmente, es algo diferente. En menos de un minuto o minuto y medio tienes que tener la habilidad de controlar un caballo yendo a una velocidad tremenda. Esa adrenalina… Yo disfruto mucho. Para mí no es un trabajo, es como un hobby, mi pasión. Lo cual es algo muy bueno porque me pagan por ello (risas).

Mira, el simple hecho de meterte en el gate, ver que las puertas se abren y que vas galopando tan rápido que ni te lo crees... ¡Pero no estás solo! Tienes otros caballos y jockeys al lado tuyo tratando de batirte y tienes que buscar el hueco para meterte en el momento exacto para poder pasar primero la meta. Es una sensación difícil de explicar. Tienes que pasar por ello para saber lo que es.

Aunque no lo parezca este deporte también es muy arriesgado y tú lo sabes mejor que nadie porque antes de marcharte a Estados Unidos, en 2006, tuviste un accidente muy grave en el Hipódromo de la Zarzuela cuando en una carrera una yegua te partió el hígado.

Sí, así es. Me caí durante la carrera y con la mala suerte que ella me pisó y me partió el hígado por la mitad, me partió varias costillas… Y sí, son riesgos que uno toma. Piensa que es el único deporte en el mundo en donde una ambulancia está detrás de nosotros. Y eso dice mucho.

Nuestra protección es mínima y vamos a una velocidad muy grande sabiendo que si te caes tienes un porcentaje muy alto de que te rompas algo. Pero cuando te subes al caballo, la verdad es que no piensas en eso.  Uno sabe que es arriesgado, pero es tanta la pasión que se te olvida todo. Solo disfrutas y no piensas en qué te va a pasar.

En Estados Unidos eres toda una estrella porque el turf es una competición en la que se mueven cifras de dinero astronómicas y que cuenta con una gran afición. ¿Por qué gustan tanto las carreras de caballos en Estados Unidos?

La verdad no sé por qué (risas). Aquí en Estados Unidos hay más de 200 hipódromos, miles de jockeys y una pasión muy grande. Se mueve mucho dinero y yo creo que por ahí van los tiros… El turf es muy duro, pero cualquiera quiere entrar. Estás haciendo lo mismo que podrías estar haciendo en España, pero lo haces en Estados Unidos por cuatro veces más de dinero.

¿Tuviste que adaptar mucho tu estilo de montar?

Sí, totalmente. El estilo europeo es muy diferente al americano. La diferencia es que aquí (Estados Unidos) se mira mucho la forma. Les gusta que el jockey vaya al compás del caballo, que vaya bien agachadito en la montura. Pero es más fácil tener ese estilo aquí porque las pistas ayudan mucho. Aquí van mucho al cronómetro, van mucho al caballo rápido, por lo que hacen las pistas muy planas, muy rápidas.

Sin embargo, allí en Europa, las pistas son un poquito como en cross, como un sube-baja. Las rectas son mucho más largas en Europa, tienes que esperar y medir un poquito más. Aquí no puedes esperar tanto a tu caballo en la curva, ya lo tienes que tener en velocidad antes de entrar en la recta.

Después de todos los éxitos que has logrado, ¿a qué aspiras ahora?

Este año he cumplido uno de mis sueños, una pequeña espina que tenía ahí clavadita. He ganado como 7 estadísticas, he sido segundo dos veces en carreras ganadas en Estados Unidos, he vencido carreras de Grupo 3 y Grupo 2… Pero había una cosa que todavía no había podido ganar: una carrera de Grupo 1 o Gran Premio. Y gracias a Dios este año lo pude lograr en una carrera buena de Grupo 1, en Nueva Jersey. Ha sido un sueño cumplido.

¿Y ahora? Pues a seguir ganado y tratar de ganar muchos más Grupos, tratar de ir al Derby de Kentucky… Llevo 1.500 victorias y lo que quiero es seguir sumando y sumando a ver cuál es el tope.