Los telescopios del Roque de Los Muchachos en La Palma: el William Herschel a la izquierda, y el Magic a la derecha. EFE/Miguel Calero

Fotografía facilitada por Daniel López de la superluna en el observatorio del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) en el Teide, en Tenerife. EFE/Daniel López

28/09/1979.- Los reyes Juan Carlos I y Sofía inauguran el observatorio astronómico de Calar Alto, situado en la cumbre más alta de la Sierra de los Filabres. EFE

España, una potencia astronómica mundial

Hace 30 años la astronomía española se movía incipiente tratando de ganarse un hueco en el panorama internacional. Hoy en día, nuestro país se ha consolidado como la séptima potencia del mundo gracias a la fuerte implicación de nuestros astrónomos y una serie de infraestructuras de primer nivel.
10/10/2018

España ha pasado de descubrir y cartografiar vastas tierras de América, África, Asia y Oceanía a dirigir su mirada al espacio exterior. Hace 30 años la astronomía española era prácticamente irrelevante en el plano internacional, pero hoy en día España se ha convertido en la séptima potencial mundial. Una trasformación que se ha producido gracias a la fuerte implicación de nuestros profesionales y una continuada puesta en marcha de infraestructuras de primer nivel.

Con el objetivo de seguir implementando y divulgando los secretos del universo, nuestro país se une, un año más, a la celebración de la Semana Mundial del Espacio, un certamen internacional basado en la ciencia y la tecnología que fue creado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999. Se conmemora anualmente del 4 al 10 de octubre recordando dos de los hitos más importantes del ser humano en el plano espacial:

- El lanzamiento del primer satélite espacial, Sputnik 1, el 4 de octubre de 1957.

- La firma el 10 de octubre de 1967 del Tratado de los principios que rigen las actividades de los Estados en la exploración espacial y los usos pacíficos del espacio extraterrestre, incluida la Luna.

La Semana Mundial del Espacio cuenta con el apoyo de la Agencia Espacial Europea (ESA), así como de ayuntamientos, museos, universidades y empresas aeroespaciales, además de la  colaboración voluntaria de profesionales del sector. De tal forma, las ciudades españolas ofrecen un amplio programa de actividades, la mayoría gratuitas y para todos los públicos. Sus temas van desde los fundamentos más básicos de la astronomía hasta la posibilidad de explorar otros planetas. Todas las citas se pueden comprobar en el canal de Facebook de la Semana Mundial del Espacio en España y en su propio site en la web.

De Jorge Juan Santacilia al estrellato

El primer observatorio astronómico español fue el Real Observatorio de Cádiz, dependiente de la Academia de Guardamarinas y creado en 1753 a raíz de las sugerencias que le propuso al Rey Carlos III el famoso marino Jorge Juan y Santacilia, quien había regresado de una expedición francesa al Ecuador para medir el arco meridiano.

Posteriormente, este observatorio fue trasladado a la Isla de León, hoy San Fernando, centrando sus actividades en el aspecto docente y científico para la buena formación de los guardamarinas. Cabe destacar que este centro sigue en funcionamiento realizando observaciones astronómicas y geofísicas. También es una escuela de formación superior para el personal científico de la Marina y es el encargado de determinar la hora oficial española.

Por ello, debido a que esta institución se concentraba en las aplicaciones de la astronomía en la navegación marítima, en 1790 se creó otro observatorio astronómico en la ciudad de Madrid, tomando como ejemplo el observatorio de París, con el fin de tratar las cuestiones de la mecánica celeste.

Pero no fue hasta los primeros años del siglo XX cuando la astronomía se consolida en nuestro país con la inauguración de varios centros de observación, como el de Cartuja (1902) o Fabra (1904). Además, su presencia social se expandió con el inicio de la observación amateur de los fenómenos celestes y la presencia plena de la astronomía en las universidades. Esto dio comienzo a una prolongada labor de divulgación científica que se vio truncada por la Guerra Civil.

La edad de oro

El acuerdo firmado en 1951 entre el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) y la NASA supuso el pistoletazo de salida de la presencia española en el espacio. Aquél acuerdo se concretó en la instalación en nuestro territorio de sendos centros espaciales en Maspalomas (Las Palmas) y en Robledo de Chavela (Madrid), única estación de espacio profundo de la NASA en Europa.

En paralelo a la colaboración con Estados Unidos, España comenzó a cooperar con otros países europeos en materia espacial. Así, en 1960 entró en la COPERS (Commission Preparatoire Europeen pour la Recherche Spatial) y dos años más tarde, se sumó a la ESRO (European Space Research Organization), que se fusionaría con ELDO (European Launch Development Organization) para constituir, en 1975, lo que es hoy la Agencia Espacial Europea (ESA).

Comenzaba oficialmente la aventura espacial europea y España formaba parte de ella desde el principio. En aquellos primeros momentos, varias industrias españolas pioneras con capacidades en aeronáutica, ingeniería y electrónica comenzaron a participar en algunas licitaciones de la Agencia. Se trataba, principalmente, de la elaboración de elementos estructurales, equipos de radiofrecuencia y mecanismos.

Más delante, ya en la década de los 80, la contribución española aumentó de manera considerable. Se trataba de firmas netamente espaciales o bien resultado de la diversificación de otros sectores. De esta forma, la industria española amplió su abanico de productos hasta abarcar el software, la electrónica de potencia, los estudios o los sistemas de soporte a la vida.

Hoy en día el sector espacial español es el quinto más importante de Europa y se ha convertido en una industria de la economía nacional: factura 736 millones de euros anuales y da empleo a casi 3.500 personas. La Unión Europea tiene previsto invertir 12.000 millones de euros hasta 2020 en proyectos espaciales, por lo que el sector tiene por delante un futuro prometedor.

Infraestructuras de primer nivel

España lleva a gala albergar desde 1963 el Observatorio del Teide (Tenerife), considerado como uno de los más importantes del mundo, el Observatorio de Calar Alto (Almería), fundado en 1973 tras un acuerdo entre los gobiernos alemán y español, o el Observatorio del Roque de los Muchachos (La Palma), donde se asientan telescopios y otros instrumentos astronómicos de unas 60 instituciones científicas de 17 países.

En este último observatorio también se erige el Gran Telescopio Canarias (GTC), el mayor telescopio óptico del mundo. Fue inaugurado en 2007 y su misión es vislumbrar los agujeros negros, las condiciones iniciales tras el Big Bang y las estrellas y galaxias más alejadas del universo.

Además, en 2006 España entró a formar parte del Observatorio Europeo Austral (ESO) y participa en el interferómetro ALMA, el mayor proyecto astronómico de la Tierra que comprende un conjunto de 66 antenas situadas en el desierto de Atacama (Chile) con el fin de descubrir los albores del universo y obtener imágenes extremadamente detalladas de estrellas y planetas en proceso de nacimiento.

CHEOPS, Gaia, JUICE…

Mientras, en radioastronomía, España tiene un gran papel gracias al Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM). Fue fundado en 1979 y está dirigido como una colaboración franco-germano-española. Su principal actividad es el estudio de la materia fría como el gas molecular interestelar y el polvo estelar.

Asimismo, en 1987 se creó el Gran Radiotelescopio de Yebes (Guadalajara), el cual participa en observaciones de interferometría de muy larga base (VLBI) en coordinación con los otros grandes radiotelescopios europeos.

España también colabora en las operaciones de la Agencia Europea del Espacio  como el nuevo observatorio de rayos X Athenea, cuyo lanzamiento está previsto para 2028, y en las exitosas misiones CHEOPS, para el estudio de exoplanetas, Euclid, que estudiará el universo oscuro a partir de 2020, JUICE, para la exploración de las lunas de Júpiter, BepiColombo, para la investigación de Mercurio, o Gaia, que estudia el origen y la evolución de la Vía Láctea.

Además, la ESA dispone del Centro Europeo de Astronomía Espacial, localizado en Villanueva de la Cañada (Madrid), donde se impulsan misiones como Rosetta, SOHO, Venus Express o Mars Express, y los programas de navegación vía satélite EGNOS o Galileo.

Séptima potencia mundial

Por otra parte, la actividad astronómica nacional está coordinada por la Sociedad Española de Astronomía (SEA), establecida en 1992 y que actualmente agrupa a 770 astrofísicos. Con su ayuda, la productividad española ha ido incrementándose, sobre todo a partir de 2010, hasta el punto de que en breve se alcanzarán las 1.000 tesis doctorales en la historia de la astronomía en nuestro país.

Conjuntamente, según el ranking SCImago, en el periodo 1996-2016 España fue el séptimo país del mundo en volumen de artículos publicados y citas por parte de otros científicos. Solo en 2016 se publicaron casi 1.500 artículos que fueron editados en algunas de las más prestigiosas revistas especializadas de ciencia y astronomía.

De tal manera, la producción científica española solo está por detrás de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Rusia, aventajando a otras potencias astronómicas como Japón, China, Australia o Canadá.